El Chavo del 8 como modelizante de la violencia

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Resumen


El presente artículo es un primer acercamiento al fenómeno de la violencia mediática, como modelizadora de conductas violentas en la construcción de las relaciones sociales. ¿Qué elementos servirán como modelizantes para la cultura de la violencia? Uno de ellos, serán los medios de comunicación y todas sus ofertas de mediáticas, en particular los programas televisivos.

Abstract

The present article is the first approach to the media violence phenomenon, as a modeler of violent behavior in the construction of social relations. Which elements work as modelers for the culture of violence? One of them is the mass media and the messages it offers, particularly, the television.

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El programa de El Chavo del 8 recrea situaciones que suelen ser familiares para el espectador, situación que se puede observar en su estructura narrativa:

a) En un primer nivel se presenta como un género cómico, pero con cierto estilo melodramático y caricaturesco.

b) El programa se desarrolla en una vecindad donde se recrean las diferencias de clases, desde el dueño hasta el eternamente desempleado. En ese escenario se presenta la violencia hacia los pobres, que son ridiculizados constantemente; es precisamente en su involucramiento en situaciones complejas lo que produce ese tipo de humor, es decir, lo cómico se sustenta en la incoherencia de las acciones, en la irracionalidad de las decisiones y en lo absurdo de las situaciones planteadas. A su vez se manejan valores y antivalores, siempre referidos a interacciones sociales entre diversos grupos.

c) Por consecuencia, la relación entre los sistemas sociales y con las situaciones, se presenta con frecuencia bajo una construcción de identidad, en donde la concepción de rico y pobre modeliza la relación de abuso de los primeros con los segundo, planteándose relaciones por conveniencia, por convivencia o por pertenencia.

d) En síntesis, a partir de los valores o escalas de valores de un grupo social, es como los individuos hacen juicios y califican las acciones de ellos mismos y de los demás miembros de su comunidad. En ese sentido, pareciera que los valores se establecen por el consenso de todos los miembros de la sociedad, forman parte de la cultura y regulan las conductas, porque a través de ellas se sabe lo que está bien o mal.

Hay en el programa de El Chavo del 8 un capítulo llamado “El ratero de la vecindad”, en donde el señor Hurtado, quien vive en la vecindad, roba la plancha de Doña Clotilde y desaparece. A la par también desaparece la de Don Ramón, Quico por casualidad encuentra una de ellas en el barril del Chavo del 8, por lo que se llega a la conclusión que fue él quien las robó, así que en cuanto aparece a cuadro, todos los habitantes de la vecindad le juzgan y el Chavo del 8 decide irse.

Lo interesante aquí es observar que fue precisamente el Chavo del 8, el más pobre y desprotegido de la vecindad, quien es acusado y no Quico, el que aparente ser el más pudiente. Surge en este evento una disolución de lo social, una degradación de los lazos sociales y una creciente violencia, muy a la par de la autodestrucción. De ese manera emergen dicotomías del tipo: pobre-rico, inocente-culpable, juzgado-juzgadores.

Al día siguiente Quico extraña al Chavo del 8, Doña Florinda y Don Ramón le comentan que es mejor así. Reaparece el Chavo del 8, hablando de su inocencia y relata cómo llegó a la Iglesia, donde el Padre le aconseja rezar para solucionar la situación. Así lo hace pidiéndole a Jesús que el ratero se vuelva bueno, cosa que oye el señor Hurtado y por su puesto, regresa lo robado y le da la añorada torta de jamón al Chavo del 8.

El espectador de este episodio tiene un nivel de realidad que se confronta con su idea que tiene de la familia, la escuela y sus creencias religiosas. A la par se pueden detectar diferente modos de violencia y en varios niveles, entre ellos: el individuo juzgado por lo demás; la humillación, cuando alguien agrede: gritar “ratero” sin tener pruebas consistentes de ello. La solución presentada ante la presión social, es acudir a la Iglesia y entonces se asocia lo sucedido con la vida de Jesús, quien se presume fue juzgado también injustamente. En otro nivel está el ratero que rompe con una norma social, de quien se espera sea castigado, aunque en este caso surge el arrepentimiento. En si este texto audiovisual es complejo y es resuelto, gracias a la previa información que el espectador tiene.

El texto como un complejo dispositivo que guarda variados códigos, capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos mensajes, un generador informacional que posee rasgos de una persona con un intelecto altamente desarrollado […] “El consumidor trata con el texto” no lo descifra. (Lotman 1996 82)

Al identificar ciertos niveles de realidad, es cuando se detecta que en el programa de El Chavo del 8 se reproduce y recrea escenas violentas. Aquí radica la visión compleja, la violencia que genera desorden provocará que exista el orden normativo basado también en la violencia. La construcción de identidad en cada personaje desigual de la serie se reduce entonces a pelearse unos con otros, que parecieran ser iguales por habitar un solo espacio: la vecindad. Se trata de violentarse uno con lo Otro, que se puede identificar con el enfrentamiento entre opuestos de las mentalidades binarias y dialécticas, por ejemplo: el rico-pobre o lo que se entienda en la serie por ello.

El Chavo del 8 representa un niño desvalido del que todos tratan de abusar, es de buen corazón en cierta forma es el niño que la propia sociedad produce, pero sin embargo consuela con una torta de jamón (en otro caso, esto mismo sucede con la dinámica del Teletón que promueve Televisa). En ese sentido, el amor o la concepción del amor que se proyecta, tiene que ver con la sumisión disfrazada de nobleza.

Todo texto contiene una imagen del auditorio, esta imagen del auditorio influye activamente sobre el auditorio real, deviniendo para cierto código normador. Este código se impone en la conciencia del auditorio y se vuelve una norma de su propia idea sobre sí mismo, trasladándose del dominio del texto a la esfera de la conducta real de la colectividad cultural. (Lotman 1996 111)

Toda producción cultural constituye desde la semiótica, una producción textual que contiene varios lenguajes.

Se puede considerar el universo semiótico como un conjunto de distintos textos y de lenguajes cerrados unos con respecto a los otros […] Sin embargo […] todo el espacio semiótico puede ser considerado como un mecanismo único […] La semiosfera es el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis. (Lotman 1996 24)

Con esta categoría de semiosfera, se puede abordar el fenómeno de la violencia en la sociedad moderna. Un primer acercamiento nos permite exponer el concepto de ira como aquella energía que es controlada por el consumo a través del espectáculo y los medios de comunicación. La televisión entonces publicita el acto violento y lo esparce de manera virulenta, acompañado de terror.

Los medios de comunicación, quienes se encargan de transmitir las noticas sobre acontecimientos mundiales y mantener informados a sus espectadores, tanto los que están dentro como los que no: “… neutralizan sus contenidos para someter todos los acontecimientos a la ley de la indiferencia. Su misión democrática es la de producir indiferencia al eliminar la diferencia entre los asuntos importantes de los que no lo son.” (Sloterdijk 246)

La sociedad en la época moderna se hace consumista de miedo, horror y terror, donde la identidad o el hecho de construirla o destruirla es también motivo de violencia acompañada de dolor y drama, incluso compasión. Es así como se genera, se traduce, se interpreta y se reproduce la violencia en la cultura actual: como un dispositivo de la memoria.

Todo funcionamiento de un sistema comunicativo supone la existencia de una memoria común de la colectividad. Sin memoria común es imposible tener un lenguaje común. Sin embargo, diversos lenguajes suponen diverso carácter de la memoria. Aquí se trata no sólo de la diferencia del volumen sincrónico de la misma, sino también de su profundidad diacrónica. Podemos formular la tesis: cuanto más complejo es un lenguaje, cuanto más ajustado está para la transmisión y producción de información más compleja, tanto mayor profundidad debe poseer su memoria. (Lotman 1998 155)

En el lenguaje cotidiano que se genera a partir del consumo de esta información, se crea la modelización de la cultura de la violencia, incorporando conductas en el individuo que interacciona entre lo violento y lo pasivo. Las palabras de la vida cotidiana, cualquiera que sea su carga emocional, se dirige primero a lo mental y no a la totalidad, es decir, es en los sentimientos, las esperanzas, los miedos y las interrogaciones que podemos comprender la violencia.

Si observamos el fenómeno de la violencia, lo reconocemos y entramos en esta dinámica: el que mira es mirado; podemos entonces crear un nuevo discurso de comprensión sobre este fenómeno. Plantearse cuántas alternativas hay de violencia y no violencia, cómo interacciona en lo social, sin estar con ella, ni por, ni contra ella o por y contra de ella. En conclusión, se trata de comprender al Otro, hecho que también significa comprender al colectivo, de forma objetiva-subjetiva, pero compleja.

El programa de El Chavo del 8 refuerza formas, lenguajes, códigos de entender al otro a partir de la humillación, ridiculización, los golpes, la lucha de clases, entre otros tipos de violencia que recrea y representa. Si se logra complejizar la violencia a través de entender los sistemas de creencias que tenemos acerca del mundo y que se difunden en programas televisivos, entonces podemos entender su origen, su producción y su modelización en la cultura.

Fuentes de consulta

Lotman, I. La Semioesfera I – Semiótica de la Cultura y del Texto. Valencia: Editorial Cátedra/Frónesis, Universitat de Valencia, 1996. Impreso.

Lotman, I. La Semioesfera II – Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio. Valencia: Editorial Cátedra/Frónesis, Universitat de Valencia, 1998. Impreso.

Lotman, I. La Semioesfera III – Semiótica de las Artes y de la Cultura. Valencia: Editorial Cátedra/Frónesis, Universitat de Valencia, 2000. Impreso.

Sloterdijk P. Ira y tiempo. Madrid: Siruela, 2010. Impreso.

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