John McGhee, la mirada discreta. Una aproximación al proceso creativo

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Resumen


McGhee, John. Autorretrato. 1982. Tinta sobre papel, 5 x 21 cm. Colección privada.

En el presente trabajo se analiza el proceso creativo del pintor John McGhee desde el enfoque cognitivo evolutivo propuesto por Howard Gardner respecto a la creatividad. A partir de las conversaciones que se mantuvieron con el artista en su último año de vida se obtuvieron los datos para responder: ¿Qué circunstancias en la historia de vida del pintor son determinantes en su proceso creativo? Se organiza el texto en los siguientes temas: lo anecdótico en la biografía; análisis creativo de McGhee y, finalmente, algunos comentarios en relación con su legado artístico.

McGhee, realizó estudios en el Instituto Pratt en Brooklyn, Nueva York. Fue un pintor consolidado, miembro del Salón de la Plástica Mexicana del Instituto Nacional de Bellas Artes de México. Su obra se encuentra en diversos recintos culturales y colecciones privadas.

Palabras clave: arte, pintor, biografía, proceso creativo

Abstract

This paper analyses the creative process of the painter John McGhee from the evolutionary cognitive approach proposed by Howard Gardner regarding creativity. Based on the conversations we had with the artist in his last year of life, we obtain the data to answer the question: what circumstances in McGhee’s life history are decisive in his creative process? The work is organized into the following themes: the anecdotal in the painter’s life history; McGhee’s creative analysis and finally some comments on his artistic legacy.

McGhee studied at the Pratt Institute in Brooklyn, New York. He was a consolidated painter, member of the Salon de la Plástica Mexicana of the National Institute of Fine Arts of Mexico (INBA for its acronym in Spanish). His work can be found in various cultural venues and private collections.

Keywords: art, painter, biography, creative process

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Introducción

Son diversos los estudios que se han realizado acerca del proceso creativo, así como diferentes las perspectivas teóricas desde donde se han abordado. Sin embargo, este trabajo se desarrolla considerando la perspectiva teórica de Howard Gardner, quien en su libro Mentes creativas, una anatomía de la creatividad (2010) Estudia a siete personas consideradas creativas en la modernidad partiendo del análisis de varios ámbitos de acción en torno a personalidad, pautas vitales, logros creativos, entre otros, y que se relacionan con las inteligencias múltiples que cada creador posee (Gardner 56). El autor rastrea marcadas coincidencias en las personalidades de los creadores y plantea distintos aspectos para el estudio de la creatividad; lo que él llama los cuatro componentes y a partir de los cuales se analiza el proceso creativo de John McGhee.

Se recurre a los datos biográficos que el mismo artista expone y de los que se logró identificar circunstancias concluyentes en su proceso creativo. El principal determinante se halló en la relación con los otros: con sus padres, quienes fueron los facilitadores en su formación y desarrollo creativo, además de proveer los medios para que pudiera dedicarse de lleno a las artes. Posteriormente su esposa, quien le facilitó la inserción en el cine en donde encontró contenidos que incorporó a su creación.

McGhee trabajó sobre diversas temáticas dando como resultado una vasta e innovadora obra que se encuentra en diversos recintos culturales y en colecciones particulares.

 

  1. Infancia y primeras impresiones sobre arte

John McGhee nació el 21 de mayo de 1922 en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos de América y murió el 30 junio de 2018, a los 96 años, en la Ciudad de México. Fue hijo único de Charles McGhee y Letitia Huggard. Su familia paterna provenía de los primeros colonos que se asentaron en los Estados Unidos de América.1 Según las memorias del pintor, en su infancia disfrutaron de las riquezas de sus familiares y gracias a la herencia que recibió su padre próspero en el comercio del cultivo de algodón. De aquella época conservó una fotografía de su cumpleaños en Greenwich Village, cerca de 1926.

 

Fotografía de McGhee a la edad de un año. Propiedad familia Castillo Ledón Jurado.

 

Fotografía de McGhee Greenwich Village, cerca de 1926. Propiedad familia Castillo Ledón Jurado.

 

El negocio algodonero fue decayendo, entonces su padre incursionó en la venta de arte y antigüedades, lo que permitió a John convivir con profesionales de las artes. Él mismo atribuye a este contexto en su infancia su inclinación por el arte. Vivió con lujos, con una educación privilegiada en colegios prestigiosos y con total aprobación por parte de sus padres por su afición al arte. McGhee comenta, “Vivir entre arte y artistas fue mi cotidianidad, mi padre me enseñó mucho de ese mundo. Era coleccionista. Recuerdo posar para un pintor famoso que me hacía un retrato. Tendría nueve o diez años de edad y mientras lo miraba cómo me pintaba me sorprendía su habilidad en el dibujo; algo que siempre me interesó muchísimo y tiempo después cuando era alumno en el Instituto Pratt en Nueva York. Afortunadamente perfeccioné mi técnica.”2

En la entrevista que se realizó a John McGhee comentó que su padre, que en aquel entonces era un hombre de edad avanzada, lo llevaba con frecuencia a visitar museos, galerías y exposiciones de las vanguardias del momento. Por otra parte, su madre Letitia, era aficionada a la fotografía, en palabras del artista: “Pienso en las muchas cámaras fotográficas de mamá, ella las apreciaba mucho, cuando viajamos llevaba varias para experimentar con ellas y me dejaba tomar todas las fotografías, pero yo prefería dibujar”. Evoca su infancia con alegría y nostalgia por los buenos momentos. La época de adolescencia transcurrió en internados canadienses entre largos periodos lejos de la familia. “Considero que cuando tenía doce o trece años empezó mi carrera en el arte. Mis padres siempre me apoyaron y en el internado también practiqué, al principio quería ser ilustrador, yo creo por eso me gusta tanto dibujar pero luego ya me decidí por la pintura”, declaró John y, sin más que comentar, mantuvo silencio sobre esta etapa de su vida.

  1. Panamá: soldado de la Segunda Guerra Mundial

McGhee es reclutado como soldado en la Segunda Guerra Mundial y debido a problemas de visión es asignado a Panamá. En entrevista a McMasters, del periódico La Jornada, comenta: “Como toda mi vida he tenido mala vista no me consideraron para combate y me mandaron a Panamá, junto al Canal. Por eso estoy en México, porque allá empecé a aprender español. De regreso a Nueva York iba a un cine en el que pasaban películas mexicanas con todos los famosos, como Jorge Negrete”.

El cambio de vida tan drástico fue difícil; a pesar de estar lejos de las zonas de combate, los días en los campamentos se vivían impregnados del ambiente de guerra. McGhee comentó que a cada momento estaban pendientes de las noticias sobre los combates y en espera por saber si eran asignados a otra sección. “La escasez de alimentos también propiciaba nostalgia por volver al hogar; añoraba la comida, a veces sólo comíamos frijoles en todo el día… Practiqué atletismo, ya anteriormente tenía un largo historial de competencias ganadas en mis años de internado; así que en Panamá gané algunas carreras. Esto fue lo mejor de aquella época”. El deporte fue una de sus pasiones; gracias a lo cual siempre mantuvo una buena condición física e incluso constantemente realizaba largas caminatas.

  1. Formación en New York

Después de Panamá, McGhee, volvió a los Estados Unidos en calidad de veterano de la Segunda Guerra Mundial. Estudió Arte en el Instituto Pratt en Brooklyn, Nueva York, por el GI Bill, apoyo federal a veteranos de guerra. Al concluir su formación en el Pratt realizó estudios de posgrado en artes y abrió una Galería Taller y Marcos, en el 228 East, 80th de la Ciudad de Nueva York, en sociedad con dos de sus colegas. El negocio se mantuvo durante dos años. De esta etapa recuerda la constante en el dibujo: “Dibujar figura humana, todo el día a todas horas, los profesores eran muy buenos. Así me formé como pintor; dibujando, solamente dibujando. El arte es copiar y observar”. La época en el Instituto estuvo dedicada al estudio de la figura humana y edificios; de aquí una gran producción de cuadros de arquitectura.

  1. La vida en México, arte y coleccionismo

En el documental John McGhee, el artista comenta sobre su llegada a México: “Vine aquí a México un verano… y que tal si vamos a una plática sobre machismo y fuimos y después dijo mira esas dos muchachas que están sentadas vamos, vamos a hablar con ellas. Yo afortunadamente escogí la más bonita y después de un tiempo, nos casamos y vivimos en Nueva York. Yo trabajando, ella también trabajando y al fin ella… le dieron una beca para estudiar en la universidad de Stanford en California y se fue hay y al rato me dijo que quería divorciarse, pues yo como tradicionalista no quise pero al fin sí, decidí divorciarme de ella y fue de las mejores cosas que me hizo esa señorita o señora, porque con eso vine a vivir en México y conocer mi segunda esposa Olga Jurado Fuentes que falleció a principios de este año” Documental John McGhee. 18 de mayo de 2018. https://youtu.be/khKA-e4N0tY. 10 de junio de 2019.

Según los datos proporcionados por Alejandro Castillo Ledón, Mc Ghee instala su primer taller en la Ciudad de México. Fue entonces invitado a exponer en una galería en la Zona Rosa, en donde conoció a Olga Jurado, quien sería su segunda esposa, al respecto McGhee comenta: “Con Olguita entendí el sentido de la vida de este bello país al que decidí que me adoptará, porque no pregunté solo me quedé; ella me enseñó el México que casi nadie quiere ver, pero es el México que puede crecer; era una gran mujer, muy inquieta. Juntos fuimos a muchas marchas, a muchas exposiciones, a muchos viajes, compartimos el ideal por creer en algo. Fue actriz y gracias a ella incursioné en el cine realizando trabajos de escenografía, diseño y hasta maquillaje, fue interesante para mí ya que encontré otros lenguajes. Mi esposa Olguita recuperó la tradición de la vestimenta del México antiguo. Juntos expusimos y organizamos la Conmemoración de la Batalla de Otumba, año tras año, por más de veinte años. Otumba es importante en la historia de México y tratamos de hacer notar esto. Olguita siempre apoyó mi trabajo. A ella no le gustaban algunos de mis cuadros, como los carros chocados. Me criticaba, pero respetaba mí sentido estético. Pinté a Otumba, su gente, mendigos e indigentes; sus bardas, sus magueyes y hasta lo que la gente desecha”. Así recuerda aquellos tiempos y a su esposa Olga Jurado; quien en su trayectoria como actriz participó en la aclamada película del director Giovanni Korporal, El brazo fuerte, de 1958. Del director Raúl Kamffer, Mictlan o la casa de los que ya no son, de 1969 y El perro y la calentura, de 1976. Asimismo en la película Apuntes, de 1974, escrita y dirigida por Ariel Zúñiga.

McGhee y su esposa abrieron una tienda de antigüedades y, sin dejar de lado sus proyectos individuales, se interesaron en el rescate del arte mexicano. Con una vasta colección, decidieron adquirir otra casa para guardar algunas de las piezas, al respecto comentó: “Olguita, viajando en un taxi, vio un letrero que decía: ‘Se vende casa en Otumba’; fuimos a visitar la casa pero no nos gustó. Olguita se fue caminando más o menos una cuadra y media hasta que llegó a una casa antigua, vio el zaguán abierto y preguntó si estaba en venta la propiedad, y para nuestra fortuna no tardamos mucho en comprarla, era más grande y más barata que la primer opción… Ir a vivir a Otumba en 1965 fue como una revelación, descubrir el color de México fue lo mejor que me ocurrió; siempre había vivido en ciudades y no me percataba de la luz sin contaminantes”.

McGhee instaló su taller en la vieja troje de la casa colonial. “Ya con mi taller instalado recorrí los alrededores en la búsqueda de material para pintar. Los vecinos me llamaban El alemán o El gringo; inmediatamente cuando hablaba se enteraban de que no era de por aquí. Siendo El alemán exploré Otumba a través de largas caminatas que me llevaron a observar un México que ni imaginaba, desde entonces me enamoré de los magueyes y me interesé por pintarlos. A veces la gente me dice Juan Maguey, por mi apellido McGhee. Viví en estos territorios; entre la Ciudad de México y Otumba, y viajamos frecuentemente a los Estados Unidos; visitamos a la familia, a mi nana de la infancia Willough Sweatt, por cierto vivió ciento siete años… Como decía, también a amigos y por el negocio de las antigüedades”.

La vida con Olga Jurado le propició el entorno para que se dedicara de lleno a la pintura; para vincularse con el mundo del arte desde diversas perspectivas en donde obtuvo lo que él mismo llama “material para crear”. Otumba y sus alrededores fueron la constante en su proceso creativo. “Pinto todo lo que veo, en ocasiones mezclo con noticias de lugares lejanos que veo en los periódicos; este es el quehacer del pintor. Sólo observo, tengo una idea, saco fotografías, leo el periódico, fotocopio imágenes y después las transformó en dibujos, pinturas, cajas de arte objeto o libros de artista. Me gusta pintar gente muerta que revelan escenas macabras, gente de la calle, luchadores enmascarados en el metro, escenas de la Semana Santa con personajes que llevan tenis Panam, también gente como Bartolo Lazcano, un hombre que tenía parkinson y gateaba en la plaza de Otumba pidiendo limosna, el pobre murió ahogado en el jaguey de su pueblo… También pinto cosas que ya no sirven y la gente las desecha, como los carros chocados, esto como crítica a la sociedad en la que vivimos; del vacío. Me gusta pintar gente, más si están dormidos; mendigos, muertos y hasta borrachos. Me gusta coleccionar arte, la pintura colonial, retablos y hasta tengo algunos cuadros de los famosos como Diego Rivera, Siqueiros y O’Higgins. Tengo muchos exvotos, los colecciono porque son muy divertidos, pero además de picarescos reflejan la fragilidad del ser humano, y la necesidad de la esperanza. Yo mismo pinté mi exvoto: un invierno en Nueva York viajaba en un taxi con mi mamá Letitia; tuvimos un accidente y por poco salgo disparado del auto, pero mi mamá me tomó del brazo. Por poco pierdo la vida, pero mi mamá me salvó; por eso yo agradezco y pinté mi exvoto. Generalmente soy callado y, no debería decirlo, pero… sencillo. Paso mucho tiempo trabajando en mis proyectos para presentar exposiciones, por lo general recibo muchas invitaciones, pero también busco espacios para mostrar mi obra. Me gusta leer, visitar museos, salir con mis amigos y familia… tampoco debería decirlo, pero también la comida juega un papel importantísimo. La vida es para pasarla lo mejor posible, uno nunca sabe cuándo dejará el equipo, pero a pesar de las dificultades vale la pena, disfrutar, yo disfruto todo; mi familia, amigos, mis mascotas y sobre todo mi arte, esto que algunos llaman don, pero para mí es mi lenguaje”. Así recuerda McGhee algunos de los momentos importantes en su historia de vida siendo la constante el trabajo creativo.

  1. Análisis del proceso creativo de John McGhee

Según Howard Gardner, el estudio de la creatividad tiene antecedentes en las tradiciones cognoscitivistas y psicométricas. En relación con la primera, las investigaciones de campos concretos, la identificación y solución creativa en la actividad en los estudios de Perkins, Boden y Sternber. Mientras que en la segunda destacan las aportaciones de Gruber, Holmes y Arnheim, sobre creadores individuales.

En mi trabajo he intentado integrar estas posturas, que tradicionalmente han sido denominadas Ideográfica y Nomotética, respectivamente; he abordado esta integración examinando a siete individuos deliberadamente escogidos en diversos campos y buscando, sin embargo, generalizaciones aplicables a todos, o al menos a la mayoría de los casos. (Gardner 464)

Para Gardner la investigación de la creatividad merece atención a partir de los vastos trabajos respecto a la motivación, personalidad, investigaciones historiométricas, así como lo interdisciplinar.

El trabajo de Gardner sobre la creatividad se enmarca desde una perspectiva cognitivo evolutiva, necesariamente en el estudio del desarrollo humano de la infancia a la edad adulta a través de la historia de vida. Propone cuatro componentes para abordar la creatividad: temas organizadores, temas emergentes, cuestiones en la investigación empírica y estructura organizadora. Siguiendo estos referentes, a continuación se mencionan algunas consideraciones relevantes en el proceso de creación de McGhee. Se retoman los datos que el mismo pintor expone, ya que según Gardner es precisamente en la biografía en donde se halla la pauta que conforma la propia formación y construcción del creador.

Respecto a los temas organizadores, se considera la relación entre el niño y el adulto, entre creador y otros individuos; entre el creador y su obra. La infancia es determinante en la creatividad adulta, asimismo la relación del creador con otras personas en el surgimiento de los propios intereses particulares acerca de una actividad específica. En el caso de John McGhee es significativo el contexto artístico en el que vivió, ya que sus padres se dedicaban a la venta de arte y antigüedades; lo que le permitió relacionarse con la producción, comercialización y coleccionismo. De igual manera, facilitaron, en su natal Nueva York, el acercamiento a lo que acontecía en el arte con la visita recurrente a museos y galerías, propiciando con ello el contacto con profesionales en el campo. Resulta relevante el pasaje en la infancia del artista sobre la experiencia al posar para su retrato, éste constituyó la pauta en el descubrimiento de su interés por la pintura. El asombro que despertó en el pequeño John la maestría del “pintor famoso”, como lo llamó, fue algo que lo emocionó.

Ciertamente, sostengo que el creador es un individuo que sabe afrontar un desafío absolutamente formidable: vincular los conocimientos más avanzados alcanzados en un campo con la clase de problemas, cuestiones, asuntos y sentimientos que caracterizaron fundamentalmente su vida de niño lleno de asombro. (Gardner 59)

McGhee descubrió a temprana edad su vocación por el arte. Formalmente se inició como pintor en la adolescencia. “Desde que tengo memoria he dibujado, es mi pasatiempo favorito, me gusta llenar cuadernos para dibujo y no paro, a veces me tardo hasta años en terminarlos… a los doce o trece años sabía que quería ser pintor e intentaba perfeccionar mi técnica: dibujar, dibujar y luego pintar todo lo que veía. Luego mejoré con el paso del tiempo y con mis estudios de Arte”.

El creador descubre muy pronto un área u objeto de interés que le resulta apasionante. Al principio, intenta dominar el trabajo en ese campo al modo de otros que trabajan dentro de su cultura; sin embargo, la relación misma con el campo se va haciendo cada vez más problemática. (Gardner 57)

McGhee concibió que lo fundamental en su quehacer como pintor era practicar el dibujo por medio del trabajo constante y lograr el dominio de la técnica era el requisito para crear. Señaló que en el Instituto Pratt, encontró su estilo pictórico; lo que llamó “mi propio lenguaje”.

El individuo, entonces, voluntaria o involuntariamente, se siente constreñido a intentar inventar un nuevo sistema simbólico —un sistema de significado— que sea adecuado a los problemas o temas escogidos y que, con el tiempo, pueda también tener sentido para otros. (Gardner 57)

En torno al descubrimiento o creación de elementos originales o discrepantes que pueden presentarse en algún momento después de llegar a la destreza, en el artista neoyorquino podemos situar la autoevaluación en el dominio del dibujo; formación profesional y adquisición de conocimientos en las artes a través de la educación. Respecto a la motivación, resulta determinante la exploración con otros ámbitos de acción. De aquí retomanos la importancia de la relación con los otros: con su esposa Olga Jurado trabajó en productos propios del cine, realizó acciones y proyectos para la conmemoración de la Batalla de Otumba del 7 de julio de 1520.

Una vez que los creadores han comenzado a avanzar dentro de un campo dado, inevitablemente se encuentran con otros individuos con quienes deben actuar en reciprocidad… también generará colegas, rivales y seguidores. (Gardner 483)

En el caso de McGhee, el mayor logro que él mismo reconoció en su trayectoria artística fue su ingreso al Salón de la Plástica Mexica; allí encontró el espacio para exponer, trabajar con colegas en los proyectos organizados por la misma instancia, pero, sobre todo, el reconocimiento en el campo. El artista comentó:Me gusta hablar con mis colegas, tengo además buenos amigos, hasta eso. Resulta relevante, entonces, el acompañamiento que le brindaron familiares, amigos y otros profesionales:

No importa cuánto talento tenga el individuo, en un sentido abstracto; si no puede conectar con un campo y producir obras que sean estimadas por el ámbito correspondiente no es posible determinar si esa persona, de hecho merece el epíteto de creativa. (Gardner 487)

La asincronía, de la que habla Gardner y que tocaremos adelante, ocurrió en el proceso creativo de McGhee en el momento en que el ámbito (expertos) rechazó su solicitud como miembro del Salón de la Plástica Mexicana. “La primera vez que quise ingresar al Salón de la Plástica Mexicana me rechazaron, pero decidí volver a postularme porque para mí significaba mucho. Fue fundado por los grandes pintores de México y algunos aún eran miembros fundadores activos. Así que, afortunadamente, la segunda vez sí me aceptaron”. Gardner señala la importancia que tiene para el creador la relación entre individuo, ámbito y campo.

Los individuos creativos, una vez han sentido el dolor y el placer de la asincronía, a menudo continúan buscándola, lo mismo que muchos otros individuos escapan de la libertad y se precipitan en el sosiego de la condición de mayoría. (Gardner 489)

En cuanto a la investigación empírica resulta relevante la personalidad y motivación del creador. McGhee comentó de sí mismo que se consideraba callado, trabajando con esmero en sus proyectos pictóricos, independientemente del negocio de antigüedades y en la autogestión de su obra; buscando lugares para exposición.Trabajo en un tema que me interesa, los exploro al máximo, hago dibujos, cuadros al óleo, acrílico, técnicas mixtas y luego que agoto la temática, paso a otro tema que me agrada… no hay un tiempo determinado, generalmente se me ocurre pintar algo que tengo alrededor, como fue el caso de los carros chocados; mientras viajaba de Otumba a la Ciudad de México, y viceversa, veía los deshuesaderos de autos. Antes pinté una serie de magueyes y ahora, a pesar de que me falla la vista, la serie de máscaras; por ejemplo. Pero en el caso de los autorretratos, fueron una constante. A veces también retomo temáticas o inserto un tema en otro tema. Soy en general callado a veces no me gusta hablar mucho, pero hasta eso, tengo muy buenos amigos; a mi familia. Pintando paso la mayor parte del tiempo. Visité muchas exposiciones que me interesaron y leía mucho. Me gusta caminar por el Centro Histórico de la Ciudad de México”. El artista refiere que no existe un tiempo determinado en encontrar el tema de trabajo y en consecuencia un adelanto creativo. En cambio, según Gardner, los avances significativos en la creación transitan en décadas.

Como ya ha quedado bien documentado en estudios de psicología cognitiva, a un individuo le lleva alrededor de diez años conseguir el dominio inicial de un campo. Reflejo de la naturaleza del campo que del talento y las aspiraciones del creador… Tras la segunda década, surge un nuevo tipo de oportunidad. El individuo puede comenzar a mirar hacia atrás al campo correspondiente, de un modo histórico o reflexivo. (Gardner 475)

En relación con la temporalidad del creador en lograr avances significativos McGhee dijo: “Después de mis estudios en Nueva York ya tenía una manera propia de trabajar y generalmente exploro un tema hasta encontrarlo todo y luego pasó a otro que me interesa; pero, a veces, también intervengo mis propios cuadros, les agrego algo sobre el contenido actual en el que trabajo”. Sobre la regla de productividad de los diez años, en McGhee la tendencia en el avance creativo no es necesariamente en este periodo de tiempo, sin embargo, son evidentes los saltos y avances creativos.

  1. La pintura de McGhee y el legado que heredó

“No soy de los que le gusta la notoriedad, pero si viene, ni modo”, afirmó John McGhee a sus 96 años manifestando en su rostro cierta paz y tranquilidad mientras narraba los acontecimientos de su vida. En la obra del artista neoyorkino se refleja la mirada de lo cotidiano del mundo, aquella realidad que invita al espectador a replantearse sus propias circunstancias contextuales. Con su característico sentido del humor provoca a través de sus cuadros la inconmensurable sonrisa por lo irónico, cómico y hasta surrealista de la escena.

El talento artístico de McGhee atiende a cierta fluidez, como si fuera un suceso irremediable la creación. Entre líneas y colores llama la atención la delicada estética de sus cuadros, que reflejan el gozo por la claridad de la representación y por el dominio que alcanzó en el arte. De sus pinturas favoritas se encuentran las dedicadas a Bartolo Lazcano, aquel hombre que siempre recordaría y del que perpetuó su memoria a través de la imagen.

McGhee, John. Bartolo Lazcano. 1987. Óleo sobre lienzo, 90 x 180 cm. Colección privada.

 

McGhee, John. Bartolo Lazcano un martes en Otumba. El día del mercado. 1989. Tinta sobre papel, 18 x 26 cm. Colección privada.

 

La obra de McGhee es, además, un documento histórico del México en el que vivió y del que se apropió. Fue un extranjero, naturalizado mexicano, que pintó la cotidianidad de la vida de los habitantes de Otumba; de los tantos lugares que visitó en la Ciudad de México y de otros lugares por los que viajó; de sus familiares, amigos; y diversos temas que logró captar gracias a su genial talento artístico. La vasta obra de McGhee es considerada de estilo realista.

McGhee, John. Sin título 1984. Tinta sobre papel, 20 x 30 cm. Colección privada.

McMasters, retoma lo que escribió Salvador Pinoncelly sobre John McGhee: “Músicos de pueblo, pordioseros, albañiles magníficos, neveros: personajes de la provincia cuya presencia rotunda da vergüenza no haber reparado —hablo como pintor—, pues son un mundo rico, variado, colorido tan brillantemente que alegra tener un paisaje así, un país de luz”.

El rescate y preservación del patrimonio cultural de México fue su constante preocupación y, junto con su esposa Olga Jurado, gestionaron la compra de la casa del pintor y sacerdote Gonzalo Carrasco en Otumba, con la intención de convertirla en Museo y Casa de Cultura. Juntos observaron cómo este recinto cultural al paso de los años se convirtió en el Centro Cultural Regional de Otumba y Museo Gonzalo Carrasco. Como miembro del patronato prestó algunas piezas de su colección privada para ser expuestas en las salas del museo. En este centro cultural pintó un mural que recuerda la Batalla de Otumba de 1520. Con su esposa organizó, por más de veinte años, las actividades para conmemoración de dicho acontecimiento histórico.

 

McGhee, John. Sin título 1989. Tinta sobre papel, 20 x 30 cm. Colección privada.

Resultado

En el proceso creativo del pintor John McGhee se encuentran marcadas coincidencias respecto a los estudios de Howard Gardner sobre la creatividad. En cuanto a la relación con los otros; en una primera etapa, de sus padres y posteriormente de su esposa, recibió el apoyo cognitivo y afectivo en el momento del avance.

La innovación surgió en el cambio de temática de creación; fue explotada al máximo a fin de crear una serie de productos artísticos. Después de agotarla recurrió a la búsqueda de otro tema de trabajo y nuevamente ocurrió el ciclo de producción seriada de pinturas, dibujos, arte objeto, libros de artista, por ejemplo; lo que sería el material para presentar en exposiciones, venta y colección propia. Por tanto, este caso particular, se aleja de la regla de los diez años en acción. Sin embargo, como Gardner apunta, en algunos casos el creador sigue siendo innovador mientras permanecía activo y, en la segunda etapa, se construyó más analítico y reflexivo sobre su avance creativo. En el caso McGhee se propone una secuencia de creación a la que se denominó clímax temático–creativo y que podría situarse de la siguiente manera:

  1. Formación y dominio en el campo
  2. Elección de un tema de trabajo
  3. Selección de algún aspecto relevante dentro de la temática
  4. Exploración del tema a través de la producción e incorporación de materiales
  5. Exposición de la producción
  6. Intervención del producto

Esta serie de pasos propuesta, como antes mencionamos, no implica una temporalidad específica, pero sí un tránsito en el proceso creativo para encontrar el estilo pictórico.

Por lo que se refiere al pacto fáustico del creador —la autopromesa para triunfar a través de su don artístico, incluso a pesar del sacrificio—, en el caso de John McGhee no hallamos evidencia del pacto; por el contrario, el pintor neoyorquino fue un creador que en general tuvo una vida satisfactoria, plena y llena de logros creativos debido a su trabajo constante. Siguió su vocación por elección más que por abnegación. La obra y genio del artista es muestra de lo que llamamos creatividad; aquello que nos hace ser seres humanos.

Otros

Agradecemos especialmente a Alex Castillo Ledón Jurado y a Conchita Tomás. Sin su ayuda no habría sido posible este artículo en memoria de John McGhee.

 

Fuentes de consulta

Castillo Ledón, Alejandro. “Entrevista personal” 23 de enero de 2019.

Documental John McGhee. Resp. Pacheco Pizano, Paolo Rafael. YouTube. 18-05-18. Web 10-06-19. https://youtu.be/khKA-e4N0tY

Exhiben muestra de trabajos artísticos en conmemoración de la Batalla de Otumba. Informador Mx [CDMX, México] 4 jul. 2010: s.p. Web 4 Jun. 2019.

Expone Salón de la Plástica Mexicana muestra de gráfica y dibujo. La razón [CDMX, México] 16 Feb. 2011: s.p. Web 22 Jun. 2019.

Gardner, H. Mentes creativas: una anatomía de la creatividad, Madrid: Paidós, 2010. Impreso.

Gilmer, George R. Sketches of some of the first settlers of upper Georgia. Appleton: New York. 1854. Print.

McGhee, John. ”Entrevista personal”. 12 abril de 2018.

McMasters, Merry, “Exhibe artista huecograbados en el Salón de la Plástica Mexicana”. La jornada [CDMX, México] 2 Jun. 2015: s.p. Web 20 Jun. 2019.

McMasters, Merry, “Ir a Otumba fue como una revelación, dice John McGhee”. La jornada [CDMX, México] 18.2021: s.p. Web 12 Jun. 2019.

McMasters, Merry, “John McGhee cumple 50 años como artista”. El Universal [CDMX, México] 21. 2015: s.p. Web 22 Jun. 2019.

McMasters, Merry, “John McGhee cumple 50 años como artista”. La jornada [CDMX, México] 26 Dic. 2001: s.p. Web 22 Jun. 2019.

McMasters, Merry, “John McGhee festeja 90 años de juventud con la muestra La vida es un carrusel”. La jornada [CDMX, México] 18.2012: s.p. Web 4 Jul. 2019.

McMasters, Merry, “México sería un paraíso si fuera dirigido por mujeres”. La jornada [CDMX, México] 14 Oct. 2014: s.p. Web 20 Jun. 2019.

Quilodrán, Fernando. «De viejas y actuales verdades». El Siglo [Santiago, Chile].4 Oct. 2013: 31. Impreso.

_SalóndelaPlásticaMexicana_Instituto Nacional de Bellas Artes.-04 de junio 2019. https://artes.uncomo.com/articulo/como-citar-una-pagina-web-con-formato-de-mla-245.html

Semblanza

Marcela Munguía Arenas

Lic. en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de México, tiene un Máster en Cognición y Evolución Humana, por la Universidad de las Illes Balears, España.

Docente de Licenciatura en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Contacto: mmaket2@gmail.com

 

 

 

  1. Para dar referencia de una larga descripción de la historia de los  McGhee en territorio Norteamericano: Gilmer, George R . Sketches of some of the first settlers of upper Georgia. Appleton: New York. 1854. Print.
  2. La transcripción corresponde a la entrevista que se realizó a John McGhee el 12 de abril de 2018 en su casa de la Ciudad de México. Aquellas citas que no tienen referencia a lo largo de este documento corresponden a dicha entrevista.

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