Mediación cultural en México, revisión histórico–documental

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Resumen


En este artículo se plantean, desde una revisión histórica, actores de mediación de tres momentos en la historia de México, considerando su función en la construcción de la identidad nacional. La primera mediadora, la Malinche, por su participación en la constitución del territorio virreinal de la Nueva España con provincias organizadas, dado que, parte de esa integración se conserva en la República Mexicana. El segundo, Antonio López de Santa Anna, como figura central en las primeras mediaciones de la venta de La Mesilla, que concluyó con el Tratado Guadalupe Hidalgo, además de ser quien establece la organización del gobierno con la estructura central que perdura hasta nuestros días. Finalmente, Ricardo Flores Magón, como el ideólogo de la Revolución Mexicana que ha derivado en la organización nacional del México postrevolucionario. Este texto no pretende ser un trabajo biográfico, pero sí un acercamiento al fenómeno de la mediación.

Palabras clave: mediación cultural, conflicto, intervención cultural, la Malinche, Antonio López de Santa Anna, Ricardo Flores Magón.

Abstract 

A historical review of mediation actors regarding three moments in Mexico’s history is presented in this article with a focus on their role in the construction of national identity. The first mediator, La Malinche, will be considered because of her involvement in the constitution of the viceregal territory of New Spain with organized provinces on Mexican territory, given that part of this integration is still present in the Mexican Republic. The second one, Antonio López de Santa Anna, is the central figure in the initial mediation regarding the sale of La Mesilla which ended with the Treaty of Guadalupe Hidalgo, as well as him being the one who established the organization of a government with a central structure that has also survived to the present day. Ricardo Flores Magón is discussed last in his role as the ideologue of the Mexican Revolution that has led to the national organization of post-revolutionary Mexico. This text does not claim to be a biographical work, but rather an approach to the phenomenon of mediation.

Keywords: cultural mediation, conflict, cultural intervention, la Malinche, Antonio López de Santa Anna, Ricardo Flores Magón.

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Introducción

Comprender las culturas mediadas y las culturas híbridas como la génesis de nuestras identidades actuales implica reconocernos en los procesos históricos. Es en este contexto que surge la duda: ¿qué papel ha jugado el mediador cultural en las grandes transformaciones de México?

Para este artículo el objetivo es hacer una revisión sobre el papel del mediador cultural en tres personajes de la historia de México y, a través de estos, plantear un panorama sobre cómo la negociación y las decisiones que afrontaron desde un ámbito personal configuraron la estructura que hoy en día tenemos como nación.

Se parte de la hipótesis de que en México cada transición importante ha requerido de mediadores culturales, cuya capacidad de negociación e integración ha transformado a las sociedades que hoy nos constituyen, siendo el principio de la hibridación como forma cultural.

El artículo revisa tres figuras asociadas a grandes acontecimientos en la construcción y revolución del Estado Mexicano. La primera, Malintzi, como parte de los trabajos de construcción de la Nueva España. La segunda, Antonio López de Santa Anna y su trabajo con mediadores en la cesión de territorio mexicano. La tercera figura, Ricardo Flores Magón, quien tuvo un doble papel, en la integración de la prensa en el periodo de la Revolución Mexicana y en la transformación del país del siglo XX.

1. Malinche, primera figura de mediación cultural en la Nueva España 

En 2021, México, como nación integrada, cumplió 500 años. El que ahora conocemos como país era y es un territorio que mantiene a distintas culturas y grupos que —en ocasiones— comparten mitos, ritos e incluso lenguas con identidades dispares, y en donde hay órdenes de gobierno militares, religiosos y herencias en las que se deposita el devenir de distintos pueblos.

La época de la Nueva España, en la cual se incorporó una gran parte del territorio continental, se dividió en virreinatos, los que, a modo de provincias (más allá del mar) tenían un representante del rey, que entre otras cosas administraba las riquezas de la corona y se encargaba de mantener las condiciones de gobernabilidad en lo que hoy conocemos como América.

Es en ese contexto que el territorio al norte de la Nueva España se integró por California, Nuevo México, lo que ahora es Texas, Florida, Arizona, Sonora y el que aún se conserva como Territorio Nacional.

Figura 1. Mapa completo de la Nueva España. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (1988).

Al sur, la Nueva España abarcaba lo que ahora conocemos como Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua y el Salvador, y se anexó como parte de los Estados que seguían a Agustín de Iturbide en el periodo en que inició la independencia de España. (Gil 2019 2-4)

Figura 2. Mapa de los estados anexados a la Nueva España en 1821. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (1988).

Constituirnos como nación ha implicado la mediación y, en muchas ocasiones, la violencia que ha devenido en el territorio actual de México.

En la época precolombina las culturas se conquistaron y se agruparon de tal manera que algunas viajaron del norte de México y sur de EEUU hasta llegar a zonas centrales de Mesoamérica. Algunas de ellas se fusionaron y crearon mitos, como el de la fundación de Tenochtitlan, para validar su sentido de pertenencia1.

Para 1519, el arribo de Cortés a tierras americanas tenía como propósito conocer, indagar y redactar un panorama de lo que en el nuevo territorio habría de interés para España. La historiadora Margo Glantz hace una concesión acerca de la figura de Cortés al comentar que era un hombre prudente y que comprendía la encomienda2 que se le dio, esto porque buscó la figura de ‘la lengua’. ‘La lengua’ era el traductor, la persona que conocía la cultura y podía descifrar lo que se decía, proporcionando al explorador un panorama de lo que iba encontrando. (Glantz 2001 10–12)

Para comprender la figura del mediador cultural vale mencionar los aspectos que debe considerar y que se verán representados en las figuras históricas analizadas, incluso en los personajes con los que negociaron cuestiones políticas en lo que ahora es México. Michele Petit, en el artículo “El papel de los mediadores” (Petit 1999 5–19), trata de casos prácticos de mediación en contextos de aprendizaje cultural, y plantea que las características del mediador implican: 

  • Establecer relaciones personalizadas.
  • Transmitir el amor por la cultura.
  • Traspasar el umbral del área de competencia.
  • Tender puentes hacia universos culturales más amplios.
  • Entrega, en el sentido de sus posibilidades cognoscibles, a su labor de mediación.
  • Es evidente que al no tener a la figura del mediador se buscó la figura que existía para esos menesteres en la exploración del Nuevo Mundo, es decir, a ‘la lengua’.

Al llegar Cortés a la expedición hacia el Caribe no encontró quién le tradujera lo que decían los tainos3, propuso entonces a un marino de origen judío, porque quizá podía hablar con los tainos dado que hablaba otra lengua. Para él era claro que alguien capaz de hablar dos lenguas tenía la facultad de aprender alguna nueva lengua.

Margo Glantz menciona que ‘la lengua’ se trabaja como figura retórica; ‘la lengua’ es un personaje que está mutilado del resto del cuerpo, es una sinécdoque. (Glantz 2001 10) Es importante plantear si ‘la lengua’ puede ser parte del cuerpo, esto desde lo expuesto por Jesús Martín–Barbero, quien separa la mediación del medio, entendiendo que lo que sucede con la mediación es un repensar el mensaje fuera del medio y fuera de la gente; es el intercambio de lo que puede ocurrir entre el emisor y el receptor, que además tiene una connotación simbólica. (Martín–Barbero 2014 0:00–4:14) En ese sentido, el mediador es el provocador de ese intercambio y, por tanto, no puede ser parte de un grupo o parte del otro. El intercambio debe ser algo entre ambos, un tercero; como sucede con la figura de Malinche, Marina, y en medio de ello Malintzi. Es decir, que un mediador debe ser una figura simbólica, es el pretexto del intercambio entre dos culturas.

Previo a la llegada de Cortés, en las expediciones de Córdoba y Grijalva, se habían esclavizado a españoles, fue así que, antes de iniciar la expedición, Cortés se planteó el cómo entenderse con las personas nativas del lugar, para ello tuvo dos opciones: la primera, Gonzalo Guerrero, que fue descartado pronto porque al conocerlo supo que estaba  casado con una mujer nativa, lo que lo integraba a la cultura indígena, vestía como ellos, utilizaba orejeras, tenía hijos; él ya era maya.

Figura 3. Fragmento del pliego de instrucciones que envía Diego Velázquez a Cortés. Fuente: Glantz, M. (2001). La Malinche: la lengua en la mano. Cervantes Virtual.

La segunda opción fue Jerónimo de Aguilar, quien era parte de los españoles esclavizados y vio su oportunidad para regresar a España. Jerónimo se hincó, pidió ir con Cortés, se unió y le fue útil porque sabía maya (la lengua). Pero Cortés necesitaba de otro traductor porque al ir avanzando en su expedición se dio cuenta de que ya no se hablaba maya sino náhuatl. En Potonchán le dieron un tributo de ornamentos, gallinas y 20 mujeres4, entre ellas, Malinalli, de 15 años, y quien era hija de caciques. Su historia es parte del papel que jugó en la constitución de la Nueva España. Ella quedó huérfana y a la muerte de su padre fue entregada como esclava a los mayas y, a su vez, enviada con los españoles para hacerse ‘pariente’ o ‘camarada’. Al llegar a la expedición, Cortés la entregó a Portocarrero, uno de sus lugartenientes como ‘camarada’. Mientras avanzaban notó que era “entremetida” y “bulliciosa”, fue en ese momento que Cortés la integró como ‘lengua’ de su expedición con la siguiente encomienda: Malinalli debía traducir del náhuatl al maya para que Jerónimo De Aguilar tradujera del maya al castellano.

López de Gómora, cronista de México, hace una historia de la conquista y dice de Malintzi, antes Malinalli, era ‘faraute’, es decir, la que hacía principio de la comedia, el prólogo; además era ‘aferendo’, narraba el argumento. Por lo tanto, era una mensajera, explicaba e interpretaba las cosas y las conductas, características indispensables para mediar. (Glantz 2001 16)

Para Bolívar Echeverría la figura de Malinalli —a quien posteriormente se le llamó Malintzi, con terminación tzin, ‘doña’ o ‘señora’— no es la traductora, incluso había un uso, un ‘tener poder de decisión’ sobre las acciones que tomaban los españoles y tenía que ver con la manera en que se desenvolvía entre las distintas culturas de las que aprendía y permitía una convivencia mediada. (Echeverría 2000 22) Esto porque al conversar y mediar con dos realidades o más debía administrar y gestionar el poder; mediar en su propia relación ya establecida con los españoles y el acceso privilegiado a la conversación entre los líderes de las distintas culturas en las que tuvo intervención.

Se debe comprender la inteligencia de Malinalli, quien sin referentes o pragmática, sin recursos léxico–semánticos y con una fonética y fonología5 distintas a las del pueblo español, tuvo que imaginar, que recrear un mundo —que quizás solo ella supuso— para acercarlo a las distintas culturas que no tenían ningún referente de lo que implicaba ese nuevo lenguaje. O quizá fue un pretexto de dos culturas sordas que supo manejar de manera brillante en un momento y lugares que requerían de toda su pericia para no perder su lugar. Esta podría ser la parte más difícil de comprender y que Bolívar Echeverría menciona como la futilidad del mediador, en la que el mediador toma aquello de lo que dispone para crear una tercera lengua y su utopía es aquello que dos partes tratarán de comprender en lo que parecería ser una interpretación o un diálogo eficaz. (Echeverría 2000 22)

La figura simbólica de la Malinche y su historia son la forma en que se redefinen las bases de la pérdida de una cultura utópica6. Porque fue una mujer que se transformó y llegó a ser conocida gracias a ese uso del poder de la palabra. Pasó de ser Malinalli, una joven capturada como esclava y después entregada a un soldado, a ser Doña Marina, reconocida así por los españoles. Cuando tomó decisiones, desde su quehacer interpretativo y buscó abrir comunicación, se le llamó Malintzi, para después convertirse finalmente en ‘la Malinche’, gracias a las imposiciones, el abuso de poder y la pérdida de la vida conocida hasta entonces. Los atributos conferidos a la figura del mediador pueden nublar la realidad del quehacer en este sentido, desde la ‘verdad histórica’, sin menoscabo de la interpretación de la población y su construcción de los hechos. Para Bolívar Echeverría el gran punto en el que se pierde la verdad de la persona para convertirse en el símbolo es una pulsión sexual de la pérdida, la xenofobia dignifica la endogamia, mientras que menosprecia la exogamia. Comulgar culturalmente con el otro y yacer con él es impensable, ese es el mayor pecado de Malintzi: haber aceptado la superioridad del hombre español, que es un concepto relativamente nuevo y que se explica como un complejo en la búsqueda de comprender la decadencia cultural del país, parte de un desprestigio beneficioso.

En tanto que figura histórica, la Malintzi finca su actualidad en la crisis de la cultura política moderna… La figura de la Malintzi histórica pone de relieve la miseria de los vencedores… España y Portugal el mejor camino al desastre, a la destrucción del otro y a la autodestrucción. Y recuerda a contrario que el “abrirse” es la mejor manera de afirmarse, que la mezcla es el verdadero modo de la historia. (Echeverría 2000 26–27)

En su aspecto más controversial está el manejo del poder de la figura del mediador, en este caso de Malintzi, que posiblemente intuyó lo que podía pasar: ser obligada a casarse con otro hombre por la voluntad de un levantamiento armado. Fue así como incitó a Cortés, cabe aclarar que esto es una suposición planteando el valor del poder de las palabras:

¿Acaso al haberse transferido su nombre a Cortés, el poder de su voz ha pasado a la de él? ¿Acaso, por ser solo una voz que transmite un mensaje que no es el suyo, no significa? Apenas reproduce la de aquellos que carecen de escritura, según la concepción occidental. (Glantz 2001 43)

La historiadora Margo Glantz plantea una idea muy interesante, si consideramos que ella era la principal ‘lengua’ y que en su momento llegó a aprender el castellano y a sustituir al propio Jerónimo De Aguilar, ¿cómo podríamos suponer que todos los mensajes eran una traducción fiel y no tuvo ella misma decisiones, sobre todo el proceso de conquista y establecimiento de la reciente Nueva España?

En primer lugar asumir un poder: el de administrar no sólo [sic] el intercambio de unas informaciones que ambas partes consideraban valiosas, sino la posibilidad del hecho mismo de la comunicación entre ella. Pero implicaba también, en segundo lugar, tener un acceso privilegiado. (Echeverría 2000 21)

De manera clara, Bernal Díaz del Castillo dijo que “… tenía mucho ser y mandaba absolutamente entre los indios en toda la Nueva España.” (Brooks 2019 26) Fue en Cholula que ella descubrió una conspiración para matar a Cortés, por una mujer que le mencionó: “me gustas para mujer de mi hijo”, entonces intuyó lo que iba a pasar y con su poder de lengua, sin mediar entre las culturas, avisó a Cortés la posibilidad de un levantamiento armado, lo que dio como resultado la masacre de Cholula. (Glantz 2019 26:00) Esto, más que demostrar la traición de la mujer, es relevante porque el poder que ejerció como mediadora marcó rumbos importantes en la historia del país. El mensaje de la mujer que puso a Malintzi en alerta pudo no ser real, es algo que no podremos saber, porque el poder de la lengua era suyo. Si la violencia que se desató y los acontecimientos que siguieron fueron producto de una argucia para tener mayor poder, tampoco podría precisarse.

La idea de traición por parte de Malintzi parece un poco ingenua y más si tratamos de pensar en la perspectiva de un México que no existió previo a la conformación de la Nueva España. Incluso, puede ser parte de la sensación de que los hechos ocurrieron en una fecha histórica específica, como fue el 13 de agosto de 1521, día en que culminó la conquista de México. Esto es falso porque no había un México, además de que el proceso cultural implicó un trabajo de aceptación de la religión, una reorganización con un virrey, gobernadores, guardias, arzobispo, obispos, párrocos, entre otros. Por lo tanto, no había algo que traicionar, pero sí muchas culturas a las que era necesario acompañar en la mediación de un nuevo modo de vida y que dependieron de muchas personas, no solo de una mujer entregada a sus hermanos. Es ahí donde radica el poder simbólico e histórico de la figura de mediación cultural, en el imaginario que permite asimilar un evento traumático para una identidad cultural y que se refleja en distintos momentos, como el de la venta del territorio nacional.

  1. 2. Antonio López de Santa Anna, el poder en una figura de mediación para todos en México

Antonio López de Santa Anna fue uno de los primeros presidentes del país, sucedió a Vicente Guerrero y que ascendió de militar veracruzano a gobernador y, finalmente, a presidente de México. 

La figura de Santa Anna es muy controvertida considerando que —como sucedió con la Malinche— se le culpa de muchos de los problemas actuales, entre otros, su falta de visión acerca de la riqueza que se tenía en el territorio perdido: grandes yacimientos de petróleo; a pesar de que la fiebre del oro y la extracción del petróleo sucedieron mucho después de que dejó de ser presidente de México.

Para comprenderlo es importante ubicarlo en su contexto, él nació en Xalapa, Veracruz en 1794, dentro de la Nueva España. Se unió a la Armada de la Colonia en 1810, y en 1821 incursionó en la causa de la independencia, esto porque el Plan de Iguala es el que liberó su provincia y lo llevó a integrarse de manera activa a la nueva vida militar mexicana. 

Fue un hombre atractivo para la época —de ascendencia española— y que pudo tener una vida tranquila y acomodada, pero decidió unirse a la milicia, ante todo buscando el reconocimiento y la riqueza. Fue un hombre letrado, leía y escribía en una época en que el país tenía un importante nivel de analfabetismo; este rasgo fue muy apreciado porque de él se conservan cartas que reflejan, por su manejo de la palabra y recursos retóricos que embellecían el lenguaje, la buena relación que establecía con la gente en el poder. Cuestión contraria a su antecesor, Vicente Guerrero, a quien se le consideraba como un hombre de bajo nivel cultural por el lenguaje parco que utilizaba en la correspondencia.

Entre sus virtudes se cuenta el poder mediar entre conservadores y liberales por ser un político con una imagen agradable, buenas formas y excelente manejo de la lengua, considerando que en palabras del propio Santa Anna: “… en política, a veces, los problemas no son de fines sino de medios.” (González Pedrero 2003 5%)

Santa Anna, como figura política y representante de la nación, tenía un importante papel, para él era necesario cuidar lo que se pensaba de él, a pesar de lo que era evidente para el pueblo. Ejemplo de la variable de sus discursos es el canto del zacatecano Nicolás Cortés:

Si de mujer tu nombre es

Como al decirlo imagino

¿fuiste primero Yorkino

y ahora eres Escocés? (González Pedrero 2003 55%)

En su tiempo se le reconoció la capacidad de ir hacia uno u otro lugar cambiando de discurso y de parecer, pero con buena relación entre las distintas partes que pudieran estar en conflicto.

Antonio López de Santa Anna, junto a Lorenzo Zavala, fue considerado como el arquitecto del ascenso de Guerrero al gobierno, pues era su amigo personal y compadre. Zavala, Guerrero y Santa Anna adoptaron el modelo del spoil system, que consistía en lo que ahora se conoce como políticas clientelares, lo cual fue una muy mala idea porque: “el sistema dura lo que dure el presupuesto”. 

Cuando Lorenzo Zavala fue nombrado ministro de Hacienda por Iturbide (entonces emperador de México), intentó un sistema similar, pero el dinero se acababa y ese fue el problema de fondo en su imperio, y también en la Segunda República, representada en la figura de Guerrero. 

Para apaciguar los levantamientos armados, impulsados por las terribles políticas en materia económica, Santa Anna —percibido atractivo y prácticamente español (era mucho más atractivo que el presidente, o al menos así se le consideró por ser blanco)— negociaba con los dos principales bandos del gobierno: conservadores y liberales, quienes lo admiraban por ser un hombre de letras, además de un héroe militar. Por aquellos años la parte conservadora del país aún se debatía entre pedir apoyo a España o continuar; pero no con Guerrero porque era moreno y no escribía de manera poética. Anastasio Bustamante, uno de los líderes opositores al gobierno tenía en estima a López de Santa Anna (quien durante la presidencia de Guerrero buscaba una gobernatura), razón por la que, en negociación, convenció al primero de escribir una carta firmada por ambos en la que presentaban su apoyo y respetos al presidente. Esto evidencia la facilidad de negociación con la que contaba Santa Anna y que permitió que siguiera, aunque por un breve periodo, la presidencia de Guerrero.

López de Santa Anna logró convertirse en gobernador de Veracruz y le prometió al presidente apoyarlo, mientras otros gobernadores de manera clara y honesta se alejaron de él, negándose a participar sin poner en riesgo a sus estados. Para ese entonces el golpe de estado era un secreto a voces que se gestaba ante el descontento de la clase política y los militares, por la falta de dinero que había provocado el spoil system. (González Pedrero 2003 3%) 

En un último intento por salvar la República y su vida, Guerrero solicitó el apoyo de sus gobernadores y mientras todos le daban la espalda por los problemas que traería el seguirlo, López de Santa Anna le respondió que su ejército no había cobrado en meses; por otra parte, Santa Anna consideraba que en el norte los vecinos habían empezado a portarse hostiles y que si pudiera resolver sus problemas él lo apoyaría. El presidente, sin recursos y quitándole presupuesto a otros estados, le respondió enviando los solicitado a Santa Anna. (González Pedrero 2003 7%)

El carisma de López de Santa Anna ganaba favores en todos los aspectos: políticos, de familias y mujeres. Esto lo sugiere el artículo All the President’s Women: The Wives of General Antonio López de Santa Anna in 19th Century Mexico; dicho texto se refiere a él como, “caudillo machista arquetípico” y asegura que gracias a su machismo tenía una gran popularidad entre las mujeres, que se debía también a los chismes que se contaban sobre sus aventuras sexuales. Se casó dos veces, la primera forzado por intereses familiares y por dinero. La segunda, al convencer a su amigo Bonifacio Tosta Sánchez-Montaño de darle a su hija en matrimonio, una jovencita de 15 años extremadamente acaudalada. (Fowler 2005 54–64)

Si bien muchos de los movimientos que hizo Santa Anna fueron motivados por su propio bienestar, su poder de convencimiento, su carisma y facilidad de palabra le valieron entre otras cosas ser presidente de México en seis ocasiones. Así como establecer un gobierno centralista motivado por los gastos y el dispendio del spoil system, luego de que la Guerra de Independencia había dejado al país en la quiebra y que pudo negociar, aun cuando a Guerrero no se lo permitieron. En un aspecto más personal le llevó a tener dos matrimonios que le proveyeron de bastos recursos económicos.

Cabe mencionar que antes de que Santa Anna asumiera por primera vez la presidencia de México, Andrew Jackson quien era el presidente de EEUU, le escribió:

El coronel Butler, un viejo conocido y amigo mío marcha a la capital de México, portador de despachos para usted… Las instrucciones que se le remiten harán ver qué es lo que se desea. Es de vital importancia que llegue a tener éxito [en la obtención] de un Tratado… Deseándole éxito salud y felicidad, soy de usted, Andrew Jackson. 27 de agosto de 1829. (González Pedrero 2003 57%)

El coronel Butler convenció a Santa Anna de que, con el país en quiebra, la mejor decisión era ceder territorio, porque la ocupación por parte de estadounidenses había sido promovida por el gobierno de México para tener una renta que le permitiera sobreponerse a la guerra y a sus políticas fiscales. Además, por la cesión, Santa Anna podría tener una compensación económica atractiva, aparte de la que recibiría el país, “por los inconvenientes que pudieran tener”. Cabe mencionar que los tejanos habían llegado por las leyes de Coahuiltexas de 1824 y 1825, que invitaban a los extranjeros a emigrar a México ofreciéndoles tierras para colonizar. (González Pedrero 2003 posición 57%)

No hay referencias de a quiénes más pudieron contactar los políticos de EEUU, pero parecería ingenuo no reconocer que estudiaron a los políticos presidenciables, que el acercamiento no fue con uno solo, que los tejanos aprovecharon el cambio del federalismo al centralismo y que cualquier inconveniente podía ser un detonante de la posterior compra del entonces territorio mexicano. Una idea interesante es la propia mediación estratégica que siguió el gobierno de los EEUU y que se intuye en el siguiente texto:

¿Fue alguna ley histórica o tan sólo [sic] un impulso azaroso lo que determinó que Santa Anna se encaminara a su tienda a dormir la siesta y ocurriera entonces… que el ejército se despreocupara y desbalagara en el tranquilo bosquecillo… Ese fue el momento preciso que aprovechó Sam Houston para sorprenderlos… O tal vez ocurrió lo que cuentan los historiadores texanos, que el general… se habría topado con una bellísima mulata: Emily Morgan, la famosa Yellow Rose of Texas… habría jugado el juego de dejarse seducir… para mermar sus energías durante un, tal vez, memorable y exitoso combate nocturno en las vísperas del trágico 21 de abril. (Gónzalez Pedrero 2003 2%)

Acerca de la famosa rosa amarilla de Texas, al parecer se trataba de una mujer mulata llamada Emily D. West y que en este siglo se confundió con Emily Morgan. La chica estaba contratada por el coronel James Morgan (probablemente de ahí la confusión), quien —aunque era una mujer libre– debía el favor del trabajo al coronel; él la convenció de distraer al general Santa Anna con los medios necesarios. Emily D. Wets fue capturada (o eso se dice) en New Washington y se le forzó a acompañar a las tropas mexicanas. Se rumora que trabajaba como espía de Morgan y se puso de acuerdo con Sam Houston para mantener al general Santa Anna ocupado antes de la batalla de San Jacinto, en donde fue capturado. Se sabe que ella estaba con Santa Anna, lo que no queda del todo claro es si sabía de los planes de Houston. Lo que se sabe —además de los rumores— es que le liberaron poco después un pasaporte (raro para una mujer mulata a mediados del siglo XIX en EEUU) para trasladarse a Nueva York; esto aparece en el diario de William Bollaert, en donde se identifica a la mujer que estaba con el general como Emily West. Es interesante que entre 1836 y 1850 (Pruitt 2018), pasado el tiempo de la batalla y las negociaciones que culminaron con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, se le compuso una canción a la Rosa Amarilla de Texas <URL>, que se puede consultar en línea, y de la que no se tiene otra referencia histórica más que la que se cuenta en EEUU. 

Hasta este momento se ha planteado la mediación como un proceso de habla, pero si algo manejó en su momento Malintzi fue la negociación, que era una de las virtudes del general Santa Anna. Y al parecer también de Andrew Jackson y James Morgan, en una época en las que las guerras eran hechos simbólicos de negociaciones más eficaces y que bien pudieron salvar más vidas y mantener la economía a flote en países recién independizados.

La noticia de la derrota y captura de Santa Anna en Texas no se manejó como tal, fue José María Tornel, quien era amigo cercano del general, el que comunicó al Congreso que el presidente había sido capturado por negarse a abandonar el campo de batalla valientemente. A partir de eso, el Congreso aprobó, el 20 de mayo de 1836, un decreto que ordenaba que México estaba en guerra hasta que fuera restituido el honor de la nación, además de ofrecer una recompensa a quien liberara al general. Mientras, las banderas deberían ondear a media asta con un crespón, de tal modo que el manejo de la crisis por medio de la palabra y escondiendo la pérdida en la figura herida del presidente permitió al país llevar el luto y afrontar la pérdida del general. 

Fue hasta el 13 de junio que el diputado liberal, Carlos María Bustamante, propuso una comisión que redactó un manifiesto a nombre del Congreso y dictaba que las decisiones acerca del Texas no eran apoyadas por este. La información necesaria para la redacción estaba a cargo de Tornel, quien no entregó a tiempo los datos y ese documento se archivó, o que supuso una ruptura entre el poder legislativo y el ejecutivo. Fue hasta el 29 de julio que se emitió una declaración en la que se señalaba que el general Santa Anna no tuvo en ningún momento autoridad para firmar los tratados que se pudieran haber firmado, además del problema por su calidad de detenido, que lo incapacitaba para poder tomar decisiones de estado. (González Pedrero 2018 3%–6%)

El manejo de medios por parte de EEUU fue magistral, mientras los diarios oficiales decían que Texas seguía fiel a México, los diarios en Nueva Orleans escribían que Santa Anna se había adueñado del poder y que los tejanos solo buscaban sacudirse su tiranía. (González Pedrero 2003 57%)

En el artículo “El mito negativo de Antonio López de Santa Anna: replanteamientos en la historiografía, la ficción literaria y el cine”, se menciona:

En el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en febrero de 1848 después de la ocupación de la capital mexicana por espacio de cinco meses, los vencedores obligaron al presidente interino Manuel de la Peña y Peña a ceder al país vecino los estados norteños de México. (Seydel 2009 6)

Es interesante cómo la gran discusión acerca de la venta del territorio, a pesar de los años, sigue siendo el apoyo que se le dio al general Santa Anna y su responsabilidad en la venta, cuando claramente fueron más los factores que intervinieron, entre otros: el paso del federalismo al centralismo, el problema económico que sufría el país, el hecho de que los militares estaban débiles7, las peleas internas entre conservadores y liberales, la inconformidad, el racismo y la intención de pedirle a España8 regresar a gobernar el país. Su malograda figura de un hombre en el que se creía y su cobarde traición (al menos se maneja de esa manera) llevaron a la pérdida de un territorio, que se vendió y sucedió 12 años después de su salida del poder. El dispendio económico de los primeros años del México independiente había dejado el territorio como un bien insostenible que no pudo afrontar el gobierno federal. 

Los elementos simbólicos de la figura de un traidor se transforman para sanar el dolor de la pérdida que se percibe como reciente. En ese contexto, la narrativa que se ha trabajado es la de la victoria por sobre la traición y que se ejemplifica en el siguiente proceso histórico, del que se derivan muchas de las políticas actuales: la Revolución Mexicana. 

  1. 3. Ricardo Flores Magón, los mediados y la mediación como propuesta de un ideal

Jesús Martín–Barbero critica duramente a quien ve en los medios la idea de mediación, porque la mediación es eso que le hacemos a los medios y que los medios nos hacen como cultura. Finalmente, los medios deben en algún punto responder a las necesidades sociales, impulsarlas y proponer un rumbo. ¿Es esa la aportación de Ricardo Flores Magón? El artículo “Magonismo y movimiento indígena en México” se centra en el trabajo de integración que hizo Ricardo Flores Magón convocando a personas de la tribu Yaqui para unirse al movimiento prorrevolucionario y al movimiento armado, todo desde el Partido Liberal Mexicano. En una carta de 1914, dirigida por jefes de la tribu Yaqui al PLM, se puede leer: “Sirvan estas líneas para manifestaros nuestra simpatía por los esfuerzos que hacéis por ayudarnos a sacudir el yugo de nuestros opresores… desde hace más de cuarenta años,” (Beas y Ballesteros 1986 2)

Para Ricardo Flores Magón, el comunismo era un ideal, una respuesta natural, un locus amoenus, el paraíso perdido en el que no hay jerarquías, no hay jueces, no hay autoridad más que la que se necesita en algún momento de conflicto interno y que puede resolver todo desde el diálogo. Pero atinó a ver el despojo del que habían sido víctimas numerosos pueblos por parte de ricos hacendados a los que vendieron sus tierras. Ricardo Flores Magón, como hijo de un indígena oaxaqueño que tuvo la oportunidad de estudiar y manifestarse, decidió unirse a revueltas en contra del régimen político del Porfiriato y vio una posible salida en el socialismo como opción de orden para los pueblos a los que, en varias ocasiones, incluyendo el Juarismo, se les había despojado de sus tierras. (Beas y Ballesteros 1986 1-11)

Ricardo Flores Magón postulaba que el pueblo necesitaba una organización política distinta a la que hasta ese momento había conocido por las formas en que llevaban, desde su percepción, el orden y las costumbres de sus tierras. Esto se puede ver en el artículo antes citado, “Magonismo y movimiento indígena en México”, en el que narra las costumbres de siembra, la repartición de las tierras, el apoyo comunitario y la recaudación de rentas, a las que no se niegan, y que el propio Flores Magón no ve como una imposición, pero sí en cuanto a la búsqueda de hombres para el ejército. (Beas y Ballesteros 1986 1–11)

Como estudiante tuvo algunos enfrentamientos por alterar el orden, en 1892, al calor de los golpes en una revuelta en la que participaba gritó: “Tenemos que suprimir esta farsa que es una tragedia para México… Vayamos por la ciudad; digámosle al pueblo que tiene derechos, que ya no permita que el dictador los pisotee.” (Beas y Ballesteros 1986 9) Es claro el porqué de sus motivos políticos: su papá, Teodoro Flores, sirvió en las fuerzas de Benito Juárez, a pesar de que bajo sus órdenes reprimió varias revueltas en Juchitán, Oaxaca, por medio de incendios y fuerza, aun así, se sentía orgulloso de su trabajo. Al morir, les encomendó a sus hijos el cuidado de su viuda y los alentó a cuidar de que ningún dictador les robara su hombría. En 1902, con sus hijos encarcelados, Margarita Flores Magón, recibió a un emisario del siguiente mensaje: “Dígale a sus hijos que dejen de atacar al presidente, y su excelencia se compromete a dejarlos salir de la cárcel para que usted pueda despedirse de ellos.” (Beas y Ballesteros 1986 11)

La historia personal que tenía Ricardo Flores Magón con la figura de Porfirio Díaz era de lucha, veía los pueblos despojados, entre otros motivos, porque vivió cómo la minería de los Guggenheim empezaba a depreciar la extracción de plata en San Luis Potosí; además de presenciar la práctica del latifundismo que arrebataba a los campesinos su forma de vida. En ese contexto, su camino fue el de la denuncia social por medio de la palabra escrita. Escribió en El Hijo del Ahuizote y fundó, junto a su hermano, el periódico Regeneración, en donde expuso sus ideas e inconformidad en contra de la dictadura. Entre sus lecturas estaban las obras de Kropotkin y Tolstoi, el periódico Cultura Obrera (Nueva York), Los Tiempos Nuevos (Francia). Comprendió que en EEUU y Francia era difícil que se pudiera llegar al socialismo —él lo veía como un ideal—, porque la burguesía estadounidense y francesa estaban muy establecidas; en sus palabras: “… sólo [sic] el que sufre sabe comprender al que sufre.” (De Santillán 1988 3) Pero no así México, que era tan pobre y había sufrido tanto que podía aspirar al socialismo, dado que solo el que había sufrido la desigualdad y la pobreza podría vivir en igualdad de circunstancias con sus hermanos; algo muy cercano al pueblo de México.

El poder de las palabras que plasmaba en sus artículos no era simplemente un espacio para denunciar, fue su discurso un iniciador práctico. El 28 de septiembre de 1905 se constituyó la Junta Organizadora del Partido Liberal, en donde fungió como presidente. El 12 de octubre del mismo año, él, su hermano y Juan Sarabia fueron encerrados por difamación en contra del presidente y con ello el gobierno buscó detener la publicación de Regeneración, que para ese entonces era el periódico más leído en México. Para lograrlo remataron la imprenta, saquearon sus oficinas y se encargaron de dejarlos sin material, lo que impidió que siguieran trabajando. En febrero de 1906, luego de estos ataques, pudieron retomar la impresión del periódico.

El partido fundado por los hermanos Flores Magón describió, el 1 de julio de 1906, las bases de lo que hoy en día es la forma de gobierno, establecieron, entre otras cosas, que:

  • El periodo presidencial no podía ser tan largo, propusieron cuatro años.
  • Plantearon que la educación debía ser laica.
  • Se debían tener jornadas de trabajo de ocho horas.
  • Establecer un salario mínimo.
  • Protección a la infancia.
  • Los dueños de las tierras debían mantenerlas productivas en favor del pueblo.
  • Debía existir el descanso dominical.

Fue su ideario político la base de la actual Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Cada una de sus ideas eran peligrosas para el gobierno establecido por el Porfiriato y para los inversores extranjeros; en EE.UU. se persiguió hasta apresarlo. En 1907 escapó y fundó un nuevo periódico que sustituyó a Regeneración, y que fue llamado: Revolución. (De Santillán 1988 14–20) Cada idea suya era peligrosa porque llegaba a los que podían leer, a los que estaban descontentos, a los que tenían poder económico, y a los que no, la propaganda y los ideales que nacían de sus lecturas, de su visión, movían a una nación. Pero, como en las figuras que ya se han revisado, hay una cierta ingenuidad en creer que el motivo es su figura arquetípica: ¿no es la pasión una de las grandes pulsiones que mueven países? En 1906, María Brousse de Talavera, una zacatecana que radicaba en California y que formaba parte del Liberal Party, en Los Ángeles, fue introducida en el PLM por Ricardo Flores Magón, (quien estaba profundamente enamorado de ella y de la causa). Este hecho pudo ser el principio de los párrafos que forjaron la Revolución. Su amor reforzaba la idea de su correspondencia porque ellos, ambos mexicanos, sabían lo que era haber vivido la injusticia social (por parte de la policía estadunidense) y entendían que EEUU era profundamente burgués. Por lo tanto, no comprenderían el verdadero poder del pueblo. Nunca se casaron, en su filosofía anarquista casarse implicaba la posesión; pero siempre, incluso en la cárcel, él le prodigó amor en cartas en las que su relación desventurada podía ser una ventana a sus motivos, como se lee en el siguiente ejemplo: “No creo en nadie más ¿quién puede cuidar de ti más que yo? Nadie si te llevan a Arizona. Yo cuidaría que no te plagiaran y como socialista agitaría al pueblo que se levante para salvarte.” (Wolbert 2008 76)

Una teoría que se tiene sobre uno de los más profundos motivos de la Revolución apunta a la vida en EEUU y la cárcel en Arizona, en donde María Talavera y Flores Magón escribían en sus cartas de amor personales la desigualdad de la que habían sido presas, y por la injusticia de encarcelarlos por diseminar ideas, mismas que en México tuvieron un eco mayor y movilizaron a un país. (Wolbert 2008 74-80)

Conclusiones

Partiendo de la hipótesis en la que dadas las culturas y las revoluciones sociales del país cada transición importante ha requerido de mediadores culturales que están presentes en la narrativa histórica por su papel de mediación, integración y transformación de las sociedades, este artículo pretende ofrecer una mirada sobre la participación de la mediación cultural en tres momentos de la historia de México, que si bien no es el único elemento involucrado —y se percibe en la narrativa histórica—, la intervención cultural de las poblaciones que construyen su historia requiere de rostros y de figuras simbólicas para lograr dicho relato.

En la revisión histórica de nuestro país es posible identificar distintos sucesos —guerras, momentos álgidos—; sin embargo, los grupos sociales se han adecuado a las necesidades de cada época desde distintas perspectivas; en otras palabras, se han organizado ‘bandos’ —los buenos y los malos— para poder enseñar y orientar una forma de pensamiento. Pero, lo que se pretendió también en este artículo fue reflexionar sobre la complejidad de los hechos, en donde las historias personales pueden moldear, con pequeñas acciones, el futuro de las naciones. Muchas batallas se terminan y empiezan en conversaciones que trazan el camino que se seguirá. Es posible que los mediadores sepan el poder que tienen y abusen de él, o bien, que lo utilicen en función del bien común. Como tal, el mediador cultural que establece el futuro de una nación probablemente no tiene conciencia real de las consecuencias de sus acciones, de la manera en que sus decisiones terminarán afectando el devenir histórico.

En los tres casos analizados, sus ideas, sus palabras y sus acciones moldearon lo que hoy es nuestra nación; no es objetivo de este artículo definir si las decisiones fueron buenas o malas, sino los resultados. En los tres ejemplos se evitaron grandes masacres y se provocaron otras. Es interesante notar que, en los tres casos, tal como menciona Martín–Barbero, los mediadores no son parte de uno u otro contexto, son personas que no se ajustan totalmente a un partido, a un grupo social o a una comunidad específica. Conocen las realidades, pero no las comparten del todo y aun así son capaces de cambiar el futuro de una nación, son quizás un pretexto social para iniciar una conversación necesaria de un momento en el que la nación debía transformarse y es posiblemente a la luz del tiempo, cuando se les mitifica, que pierden sus formas reales y constituyen el rito de vilipendiar o santificar eso que no reconocemos como propio.

Si se revisa la transformación de Malinalli, el momento histórico la llevó de ser Malinalli, a Malintzi, Marina, Malinche y, sin detrimento de su persona, “La chingada”. (Paz 1950 18-20) Poseída por un macho, que se valió de él, y en todo el proceso —que continúa hasta nuestros días—, como figura de mediación, sigue transformándose como un ser que sublima nuestros discursos.

En el caso de Antonio López de Santa Anna, el nombre permaneció, no así los títulos, entre los que se encontraron: guapo, seductor, macho, general, letrado, blanco, gobernador, traidor, héroe, estorbo. Su figura sigue mediando discursos de la pérdida, en una fantasía del locus amoenus, de un paraíso perdido que México jamás pudo recuperar y que provee de una falsa ilusión de seguridad nacional en el melodrama en el que se espera que al final el bien triunfe sobre el mal. Es así como el hombre se transforma en un personaje estereotipado del traidor y del que la “justicia divina” se encargará.

Cuando la historia revisa las acciones del artífice de la Revolución Mexicana, que parece no tener fin como estandarte político, se pueden encontrar muchas referencias a la figura de Ricardo Flores Magón: el joven que emergió del pueblo, el libre pensador, el provocador, el mal periodista, el peligro para la estabilidad de un proyecto de nación, el agitador, el prócer de la patria, el lugar de reivindicación. Ahora, convertido en estación del Metro, del Metrobús, escuela primaria, escuela secundaria, Instituto de Educación Media Superior, biblioteca pública, entre otras. Ricardo Flores Magón, es el lugar común, el centro de sabiduría y seguridad que es ejemplo de la rebeldía controlada, de eso que es importante recordar; como un mártir de la lucha, una persona y un discurso que media entre la justicia y el poder, y del que se ha moldeado una figura casi impoluta sobre la que no conviene saber más.

La mediación cultural es parte de la realidad histórica de un país como México y que sin el trabajo y compromiso motivado por distintos aspectos que llevaron a grandes figuras históricas a actuar un papel dentro de la configuración del México actual, el país no sería este; como las distintas culturas en el ahora llamado Territorio Nacional no fueron México, sino Nueva España y para eso medió Malinalli. La cornucopia barrada que ahora es México no tuvo su forma final sino hasta las negociaciones del Congreso se escudaron en las acciones del presidente López de Santa Anna (aquí es necesario recordar que se desconocieron sus facultades preso, además de que la firma del tratado por el que se vendió el territorio al gobierno de EEUU se llevó a cabo 12 años después de su captura). Santa Anna fue una figura de mediación con muy poca injerencia en las luchas internas nacionales y las estrategias económicas de EEUU para hacerse de Texas, Alta California, Colorado, Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México. 

La configuración política actual, muchas veces remendada, pero en esencia establecida, partió de la palabra escrita de un hombre: Ricardo Flores Magón, quien, con ayuda de su hermano  y sus compañeros convencidos profundamente de una posibilidad de regresar el poder y dignidad al pueblo, retaron a un sistema político que se acomodó en el discurso a lo largo de décadas para integrarlo como una figura sin mancha, estandarte, figurativo y literal de movimientos políticos.

El mediador existe en la historia, pero son los pueblos los que median sus necesidades en él como pretexto de transformación o conformidad, no se demerita la labor del personaje, pero tampoco se pretende que con el paso del tiempo se quede su mediación intacta de las narrativas para convivir con las historias nacionales.

Si bien la mediación se da en un momento y bajo un contexto en el tiempo–espacio, la lectura de los resultados se da en momentos de la historia, que tiende a responder a ideologías, dispositivos de poder y constructos sociales para lograr obtener respuesta por parte de distintas comunidades, mostrando a las personas en contrastes arquetípicos de héroes y villanos, sin matices y deshumanizándolos. Es en ese sentido, es importante visibilizar el momento y comprender que los mediadores responden a una necesidad de la época en que les toca vivir. ¿No es el ser en todo momento un mediador haciendo uso del lenguaje?, es una realidad que todos podremos ser mediadores y pasar a la historia en una imagen de alto contraste. Es momento de tomar responsabilidad y ser críticos de lo que hacemos; en su momento los mediadores pudieron fallar en no ver a sus contemporáneos o en la búsqueda de una mejor calidad de vida. Hoy es necesario también ver nuestro contexto, nuestra relación con el planeta, transformarnos más allá del antropocentrismo y mirarnos en un ejercicio ético de la mediación, en la toma consciente de decisiones en tanto entendamos que mediar no genera efectos solo personales, sino que se extienden a lo colectivo y que tiene impacto hacia el futuro. 

Fuentes de consulta

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Beas, Juan Carlos y Ballesteros Manuel. “Magonismo y movimiento indígena en México. Seminario Ricardo Flores Magón, Centro de Investigación y Documentación sobre Temas y Autores Oaxaqueños”. Scribd. 1986. 

De Santillán, Diego Abad. Ricardo Flores Magón: el apóstol de la Revolución mexicana. Ed. Antorcha, 1988. http://kcl.edicionesanarquistas.net/lpdf/l101.pdf

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Semblanza

Darzee Aime Odalmira Santiago Ortega

Formación académica: licenciada en Diseño de la Comunicación Gráfica por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco; estudios de maestría en Comunicación y Estudios Culturales por ICONOS, Instituto de Investigación en Comunicación y Cultura.

Actividad laboral: docente de la carrera Técnico en Diseño Gráfico Digital (TDGD) desde 2008, con siete años de experiencia en el desarrollo de dirección de investigación de la línea de comunicación en medios digitales e investigación participante en la línea de competencias docentes. Diseñó cursos de actualización y formación docente de taller de video, comunicación corporativa, diseño web para docentes, mediación cultural y educación 4.0. Participó como diseñadora y asesora en la Evaluación de Proceso del Modelo Mexicano de Formación Dual 2017, y Diagnóstico Anual de Violencia Escolar 2017 y 2019, en el estado de Guanajuato. Coordinó estudios de vigencia y pertinencia para la carrera TDGD de 2017 a 2021, coordinó el área de planeación didáctica y formación docente de 2015 a 2018. Actualmente coordina el rediseño curricular TDGD y se desempeña desde 2018 como Coordinadora de la Plataforma Académica Digital, CECyT 2 del IPN, donde maneja redes y comunicación en línea.

Correo: hagendash@gmail.com

  1. Se estudia la posibilidad de que los Aztecas fueran un remanente nómada de la tribu Hopi norteamericana (INAH 2010). Lo cual, además del parentesco que se ha encontrado con la cultura Chichimeca, indica el pasado beligerante de la cultura mexica; en este contexto es imprescindible considerar las posibles respuestas de la cultura mexica y la cultura española sin la figura de los mediadores.
  2. La encomienda dada por el gobernador de Cuba fue la de conocer el territorio y descubrir los recursos que de él se pudieran obtener para España.
  3.  Los tainos eran habitantes de las islas Lucayas, Antillas Mayores y una parte de las Antillas Menores.
  4. Las mujeres que recibían como ofrenda, tenían la función de ser ‘camaradas’, o concubinas, además de alimentar y atender a los hombres.
  5. Las habilidades lingüísticas implican cuatro componentes: fonético–fonológico, léxico–semántico, pragmático y morfosintáctico, esto estudiado desde las neurociencias del aprendizaje. El más complejo a nivel cultural es el léxico–semántico, porque implica tener conocimiento de muchas palabras que permitan comunicarse de manera efectiva. Mientras que el morfosintáctico requiere de conocimiento de reglas de orden para poder comunicarse de manera efectiva. Finalmente, el componente pragmático es el uso del lenguaje figurativo, coloquial, y de recursos retóricos que responden a la realidad cultural del hablante. No está de más mencionar que el componente fonético–fonológico, que es la base del lenguaje, sin una praxia que permita fortalecer el aparato fonoarticulatorio dificultaría la comunicación efectiva
  6. Con esto se busca la referencia al pasado único de crecimiento indígena en un México que no era una nación, ni cuna resplandeciente de la tecnología que se piensa; tampoco el pasado bárbaro y sangriento del que se acusa por parte de los reivindicadores del mestizaje y sería un error tratarlo de un modo u otro sin un análisis de los referentes que se tienen.
  7. En camino a la batalla de San Jacinto, el general no le pagaba lo suficiente a los militares, además, por contrato se les prohibió hacer compras salvo en las tiendas oficiales de gobierno; se les debían meses de paga y comían muy poco.
  8. La concesión sobre la pérdida del territorio se debió también a que en medio de las discusiones acerca de la venta de La Mesilla, España reconoció a México como país libre y soberano. Lo anterior fue manejado como un logro del general Santa Anna y dio fin a las intenciones de regresar a un régimen conocido tres siglos atrás: el español.

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