Del nacionalismo a la globalización. Una aproximación semiótico–cultural al discurso del Museo Nacional de las Intervenciones

Del nacionalismo a la globalización. Una aproximación semiótico–cultural al discurso del Museo Nacional de las Intervenciones

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Resumen


El presente artículo explora el discurso museográfico de la exposición permanente en el Museo Nacional de las Intervenciones, a través de las nociones de semiosfera y texto, aportaciones de la semiótica de la cultura de Iuri Lotman, con el fin de identificar los elementos, las relaciones que se establecen entre ellos y cómo es que hacen posible la construcción de sentido en relación a un espacio y tiempo determinados.

Palabras clave: Museo Nacional de las Intervenciones, análisis del discurso, semiótica de la cultura, semiosfera, texto, nacionalismo, globalización, defensa, intervención.

Abstract

This work explores the museographic discourse of the permanent exhibition at the Museo Nacional de las Intervenciones (National Museum of the Interventions), through the notion of Semiosphere and Text, contributions of the semiotics of culture by Iuri Lotman, in order to identify the elements, the relationships that stands out among them and how they make possible the construction of meaning in relation to a given space and time.

Keywords: National Museum of Interventions, discourse analysis, semiotics of culture, semiosphere, text, nationalism, globalization, defense, intervention.

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Introducción

El Museo Nacional de las Intervenciones es uno de los cinco museos nacionales que administra el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Su temática se enfoca en “…explicar las formas de resistencia mexicana contra las intervenciones extranjeras, así como las implicaciones que tuvo el expansionismo estadounidense en el México naciente.” (Museo Nacional de las Intervenciones, párr. 1) Fue inaugurado el 13 de septiembre de 1981, en el edifico del antiguo Convento de Churubusco, por haber funcionado como fortaleza militar en 1847 con el objetivo de detener el avance del ejército estadounidense hacia el centro de la Ciudad. Su creación obedeció al interés del historiador Gastón García Cantú por rescatar la memoria de la defensa de la nación durante las intervenciones extranjeras del siglo XIX.

Su exposición permanente, “Las Intervenciones extranjeras”, se ubica en la planta alta del edificio y durante mucho tiempo permaneció como temática única, pero con el paso del tiempo se agregaron otros aspectos histórico–culturales a su discurso: “El Churubusco prehispánico” y “La Vida conventual”.

En 2010 inició una amplia reestructuración a su exposición permanente, a partir de ese momento, el recorrido se compuso de diez salas de exhibición: “Introducción”, “Independencia”, “Las primeras intervenciones armadas en México”, “Intervención norteamericana de 1846-1848”, “Intervención francesa y el Imperio, 1862-1867”, “Exvotos, relatos pintados”, “Porfiriato”, “Revolución Mexicana”, “Intervención norteamericana de 1914” y “1916: la expedición punitiva de Pershing contra Villa”.

Este artículo 1 explora el discurso museográfico de la exposición permanente en el Museo Nacional de las Intervenciones, a través de las nociones de semiosfera y texto, aportaciones de la semiótica de la cultura de Iuri Lotman, con el fin de identificar los elementos, las relaciones que se establecen entre ellos y cómo es que hacen posible la construcción de sentido en relación a un espacio y tiempo determinados.

La cuestión que guía el desarrollo de este análisis surge a partir de la aparente contradicción, para un grupo de visitantes2, entre el objetivo del Museo Nacional de las Intervenciones, en tanto Museo Nacional, y el discurso en torno a las consecuencias de las guerras de intervención armada que sucedieron a lo largo del siglo XIX, es decir, de las derrotas y pérdida de territorio. Con base en este planteamiento, a partir de la semiótica de la cultura, se intenta explicar: ¿cómo funciona el discurso del Museo en la construcción o anulación de sentido durante el tránsito por su exposición? ¿Cómo es que el Museo Nacional de las Intervenciones ha migrado de la exposición de la defensa de la soberanía nacional al despliegue de las derrotas nacionales? ¿Por qué existe un museo que recuerda las batallas perdidas? Y adicionalmente, ¿por qué el sentimiento de contrariedad frente al tema de las derrotas es más evidente en un grupo de visitantes que en otro?

A lo largo de la investigación se manejan cuatro conceptos fundamentales: intervención, defensa, nacionalismo y globalización. El concepto de intervención se refiere a la intromisión de un estado independiente en los asuntos internos de otro, también independiente. Esa intromisión puede adquirir diferentes modalidades; de forma indirecta, un estado puede inmiscuirse en la política económica o social, la firma de acuerdos ventajosos, o, en el caso extremo, directamente puede declarar la guerra con el fin de alterar su política, gobierno o creencias o valores culturales. (Rojas, p. 84). La noción de defensa se puede entender como “…el conjunto de medios materiales, humanos y morales que una nación puede oponer a las amenazas de un adversario, en contra de sus objetivos nacionales, principalmente para asegurar su soberanía e integridad territorial.” (Soto, p. 300)

El nacionalismo se entiende como una tendencia política que consiste en exaltar elementos de identidad de acuerdo con los intereses del gobierno central; favorece la conservación del orden y la unidad del territorio y el respeto a las leyes; su principal propósito es la conservación del Estado. (Vizcaíno, p. 54). La globalización3 se considera un modo de transnacionalización de la cultura, de occidentalización mundial y de difusión de su política económica neoliberal; este proceso se refleja en una aceleración del mestizaje cultural, una mayor difusión y divulgación cultural y científica, así como la norteamericanización del estilo de vida. (Ander-Egg, p. 145-151). A partir de estos dos conceptos se configura lo que entendemos en este análisis por semiosfera nacionalista y semiosfera globalizada, contextos dentro de los cuales surge y se reestructura el Museo Nacional de las Intervenciones. En la primera, los textos fundamentales se conforman a partir de la historia patria y la identidad nacional; en la segunda a partir de la monetización y la interconexión tecnológica a nivel mundial, lo que permite la imagen de un mundo “sin fronteras” y, por lo tanto, de una desterritorialización simbólica.

El presente análisis hace un repaso histórico sobre el Museo Nacional de las Intervenciones y su relación con el concepto de Museo Nacional para identificar en dónde surge la paradoja. En tanto producto cultural, a partir de la aportación teórica de Iuri Lotman, se retoma la idea de semiosfera y texto para explicar el proceso de comunicación–significación en relación con el individuo y la memoria colectiva de un grupo social en un momento histórico específico. Por último, se articulan los conceptos de semiosfera y texto con el espacio museográfico de las intervenciones para responder la pregunta de investigación y explicar el aparente fenómeno paradójico.

  1. El Museo Nacional de las Intervenciones

El Museo Nacional de las Intervenciones se ubica en el edificio del antiguo Convento de Churubusco; sin embargo, el sitio tiene una larga tradición histórica desde la época prehispánica, época en la que Huitzilopochco fue Señorío de Tenochtitlan (Attolini, 56). Durante el periodo novohispano inició la construcción del convento y funcionó así hasta la guerra contra Estados Unidos en 1847, cuando los frailes fueron exclaustrados, con la finalidad de utilizar la construcción como fortaleza para detener el avance del ejército estadounidense. (Escorza 2019, 21-22)

Fue la Batalla del 20 de agosto de 1847 el acontecimiento que consolidó a Churubusco como sitio histórico, pues a partir del siguiente año se empezó a conmemorar la defensa del improvisado fuerte; en 1869 se decretó como Monumento Histórico (Mena y Rangel, 65) y en 1919 se inauguró el Museo Histórico de Churubusco, el cual sobrevivió hasta 1975. (Escorza 2019, 24)

La conceptualización del Museo Nacional de las Intervenciones se debe al historiador y periodista Gastón García Cantú, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia de 1976 a 1982, para él la historia de México, además de las mutilaciones territoriales, también significaba “…hacer frente a la adversidad y afirmar, una y otra vez su independencia…” (García, 448) Su creación se fundamentó en la obligación del Estado respecto al rescate y preservación del patrimonio histórico y cultural; así que el nuevo museo se creó en 1981 “…en consideración de que México ha sufrido diversas intervenciones extranjeras que generaron reacciones populares de defensa de la soberanía e independencia nacional, traducidas en hechos que por su carácter heróico y ejemplar forman parte del acervo histórico del país…” (Acuerdo, 1) Esto significa que, a partir de las intervenciones armadas del siglo XIX, el Estado mexicano rescató la memoria de la defensa de la soberanía nacional en la segunda mitad del siglo XX y fue a través de un museo público nacional, lugar que fuera escenario de la confrontación histórica.

El rescate de la memoria de la defensa mediante un museo estatal se relaciona directamente con el concepto de Museo Nacional, que surge a fines del siglo XVIII como producto de la crisis de la monarquía francesa y se fortalece a lo largo del siglo XIX como un dispositivo político para consolidar el nuevo régimen en un Estado Nación. (Morales, 27) En México, este tipo de museo es resultado de dinámicas sociales y culturales antagónicas; es durante el periodo Colonial que surge el coleccionismo privado de estilo imperialista, en el cual el objeto de colección es digno de preservarse y contemplarse, ya que se convierte en la evidencia de las conquistas sobre los pueblos mesoamericanos. Sin embargo, esta concepción se modificó con la maduración de la sociedad novohispana; la discriminación y la marcada diferenciación social gestaron el deseo de “…recuperar y conservar los restos materiales del otro–diferente sobre el principio de reconstruir una posible identidad patriótica.” (Morales 31) De esta forma los objetos prehispánicos, que en un momento fueron botín de conquista, cambiaron su valor al ser empleados para la construcción de una nueva identidad. A partir de la consolidación de la Independencia el Museo Nacional comenzó su funcionamiento como organismo de Estado, primero para el estudio de las antigüedades (Morales, 36 y 37), después para el desarrollo de la historia nacional, a la que se añadió una perspectiva antropológica y social. (Morales, 47)

En suma, la idea de Museo Nacional surge a partir de una ruptura política e ideológica, su historia y consolidación social y cultural están ligadas al concepto de patria e identidad nacional, como una estrategia política para afianzar una nueva forma de organización política. Esta misma tradición se identifica en la creación del Museo Nacional de las Intervenciones, puesto que en sus fundamentos se encuentra la preservación en la memoria colectiva de la defensa de la soberanía nacional. El recorrido iniciaba con la idea de nacionalismo y el concepto de no intervención, se presentaban luego los ataques (intervenciones) extranjeros, para después relacionarlos con el contexto internacional contemporáneo en el que México estaba inmerso a principio de los ochenta. (Delfín, párr. 23)

La organización de los objetos testimoniales de la defensa: “… litografías, banderas, armas, mobiliario y accesorios, tanto civiles como militares de la época, combinados con diferentes reproducciones…” (Museo Nacional de las Intervenciones, párr. 2), permitían un vínculo estrecho con el visitante, y, por la ausencia de vitrinas, se podría afirmar que se trató de conservar su valor utilitario.

El discurso de las intervenciones del siglo XIX y los objetos testimoniales de la defensa ocuparon todo el espacio de exhibición durante mucho tiempo, pero en 2002 se identificó la idea de una reestructuración completa que permitiera construir un recorrido museográfico a través de cinco siglos de la historia nacional; esta visión incluía el aspecto prehispánico, el conventual y las intervenciones extranjeras.  Como parte de la temática de las intervenciones se incluía una “Introducción al siglo XX”, los temas  “Nacionalismo y Soberanía”; así como “La globalización y la cultura en México». (Museo Nacional de las Intervenciones, 2002, h. 8-12) De esta propuesta se concluyó en su totalidad la apertura de espacios conventuales de exhibición, además de un auditorio y una biblioteca.

La exposición permanente permaneció casi en su carácter original, hasta que, en 2010, después de casi treinta años de su inauguración, inició un nuevo plan de reestructuración. Si bien éste se anunció como un proyecto amplio de innovación, el cambio más significativo se realizó a la exposición sobre las intervenciones armadas. Esa modernización “…contempló la renovación de las 11 salas de la planta alta…” (Cabrera, párr. 4) Eso impactó la forma y contenido de la exposición permanente. En aquel momento se decía que dicho cambio proporcionaba “…una mejor comprensión de los procesos históricos que se suscitaron entre la Independencia y la Revolución Mexicana, y que definieron el perfil de la nación como República federal, democrática, con la separación entre el Estado y la iglesia.” (Cabrera, párr. 6) La metamorfosis visual destacó en lo inmediato gracias a la integración de pisos, mamparas y vitrinas; sin embargo, tuvo que pasar tiempo para que se identificara el impacto que la renovación del contenido temático tuvo sobre el visitante, pues es a partir de este último discurso que se identifica la paradoja.

Croquis tomado de Escorza y Herrera

 

Distribución actual salas de exposición. Planta alta

  1. Introducción
  2. Independencia            Revolución mexicana
  3. Las Primeras Intervenciones armadas en México Intervención norteamericana de 1914
  4. Intervención norteamericana (1846-1848) Oficinas
  5. Intervención norteamericana (1846-1848) Oficinas
  6. Intervención francesa y el Imperio, 1862-1867            Oficinas
  7. Exvotos, relatos pintados Salida

 

En tanto Museo Nacional, se esperaría que el Museo Nacional de las Intervenciones exaltara las glorias nacionales, es decir, las victorias y hazañas de los héroes que defendieron la nación; en cambio, lo que el visitante encuentra es la descripción de las irrupciones militares extranjeras y el recuento de sus victorias; en otras palabras, el Museo, desde un determinado punto de vista, se presenta como la antítesis del patriotismo nacional.

  1. La semiótica de la cultura: la semiosfera y el texto

Para explicar cómo se desarrolló ese cambio se aborda el problema desde la semiótica de la cultura, para lo cual es necesario definir dos conceptos fundamentales: la semiosfera y el texto. Esto ayudará a explicar, por un lado, cómo es que el sentido del discurso museográfico sobre las intervenciones se ha transformado y, también, distinguir la complejidad del tema, pues para que un sentido determinado se genere, no basta con la emisión y/o recepción de mensajes, es indispensable considerar todo el espacio dentro del cual se producen y reproducen los mensajes y cuáles son las relaciones que se establecen con otros elementos dentro y fuera del contexto.

La semiosfera

Se puede entender el concepto de semiosfera como un espacio abstracto en el cual es posible la producción de sentido, porque el acto semiótico es mucho más que la suma de sus partes “…el signo como el acto comunicacional solo funcionan dentro de […] un continuum semiótico, completamente ocupado por formaciones semióticas de diversos tipos y que se hallan en diversos niveles de organización.” (Lotman 1996, 11) Este continuo es lo que identificamos como semiosfera, en él intervienen diferentes elementos, denominados textos, códigos y dinámicas que hacen posible la comunicación y la producción de nueva información, esto significa que un elemento aislado, un mensaje o un texto, es incapaz de producir por sí mismo sentido, debe ser considerado en su relación con los otros elementos dentro de un contexto específico, dentro de su semiosfera; y debe ser considerado como un mecanismo único. (Lotman 1996, 12)

Como espacio delimitado se pueden identificar dos territorios abstractos, un espacio interior, que corresponde al espacio semiótico, aquello común o propio; y un espacio exterior, el cual concierne al espacio alosemiótico, lo diferente o incluso lo incomprensible. Entre estos dos espacios se localiza una frontera, ésta, además de separar los espacios semióticos/alosemióticos, funciona como traductor; después de una selección e interpretación, los textos pueden migrar de una semiosfera a otra. (Lotman 1996, 12) Esto significa que la frontera, gracias a las dinámicas que se desarrollan en ella y que sirven de catalizadores de las dinámicas semióticas culturales, es un mecanismo de semiotización, de entendimiento, de aproximación entre diferentes semiosferas.

La franja fronteriza de la semiosfera se convierte en un territorio “…de procesos semióticos acelerados que siempre transcurren más activamente en la periferia, para de ahí dirigirse a las estructuras nucleares y desalojarlas.” (Lotman 1996, 15) Se puede percibir, entonces, que la frontera es permeable y posibilita la transformación de la semiosfera, dado que, al trascender los textos de una semiosfera a otra, un espacio de sentido puede expandirse sobre otro, por el desplazamiento de textos. Si bien esta dinámica empieza en la frontera, el proceso de desplazamiento alcanza el centro de la esfera de sentido.

Un centro y una periferia caracterizan el interior irregular de la semiosfera. En el centro definido se ubican las estructuras o textos nucleares y hacia una periferia más amorfa, los textos o estructuras periféricas, más flexibles y dinámicas. (Lotman 1996, 16) Vemos así que aun dentro de una semiosfera específica se encuentran diferentes niveles, por esa razón es determinante la ubicación del individuo dentro del espacio de sentido —dentro/fuera, centro/periferia—, ya que esto incide directamente en el proceso de construcción de sentido.

Imagen 2. Modelo del espacio semiótico. La semiosfera es el espacio abstracto que posee rasgos específicos y que hacen posible la semiosis, sólo dentro de éste es posible la comunicación y la producción de nueva información. A partir del conjunto de textos y lenguajes que se articulan al interior (en sus diferentes niveles) y al exterior (con otras semiosferas y otros lenguajes y textos) se dinamiza la producción de sentido. Elaboración propia. 

Imagen 2. Modelo del espacio semiótico. La semiosfera es el espacio abstracto que posee rasgos específicos y que hacen posible la semiosis, sólo dentro de éste es posible la comunicación y la producción de nueva información. A partir del conjunto de textos y lenguajes que se articulan al interior (en sus diferentes niveles) y al exterior (con otras semiosferas y otros lenguajes y textos) se dinamiza la producción de sentido. Elaboración propia.

 

El texto

Dentro del sistema semiótico, el texto se ubica como un elemento primordial para la comunicación, es más que un continente de información; por su naturaleza, adquiere la calidad de un ente vivo “… el texto es un complejo dispositivo que guarda variados códigos, capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos mensajes, […] tomándose más parecido a los actos de trato semiótico de un ser humano con otra persona autónoma. (Lotman, 1996, 56)

Para que las comunicaciones o mensajes sean incluidos en la memoria colectiva y adquieran la calidad de texto, deben ser seleccionados por la propia cultura y “… debe estar codificado como mínimo dos veces.” (Lotman 1996, 53) Es decir, debe realizarse por lo menos en dos sistemas semióticos, sin embargo, esta codificación no impide su decodificación, porque, de acuerdo con Lotman, el texto precede al lenguaje (Lotman 1996, 60). Esto significa que no es necesario dominar el código del texto para dialogar con él, sino que es a través de éste que se interpreta el código y se recibe información; porque siempre hay un punto del cual se puede iniciar el proceso de desciframiento en donde es posible la transformación del mensaje, no su deformación. En otras palabras, a través del diálogo se crean nuevos sentidos del texto.

Según la naturaleza del código, el texto puede ir de un extremo a otro a través de un eje semiótico para cumplir una u otra función (comunicativa o creadora), puede acercarse a su aspecto más rígido y unívoco o migrar a su aspecto más libre, heterogéneo y polisémico, según su dominante estructural y la acción que ejerza el lector sobre él. (Lotman 1996, 58)

Imagen 3. Modelo del eje semiótico. El texto se desplaza por un eje semiótico, ya como portador de información, ya como dispositivo generador de sentido, en una relación dialógica en la que intervienen su complejidad estructural, el lector y el contexto cultural. Elaboración propia.

Imagen 3. Modelo del eje semiótico. El texto se desplaza por un eje semiótico, ya como portador de información, ya como dispositivo generador de sentido, en una relación dialógica en la que intervienen su complejidad estructural, el lector y el contexto cultural. Elaboración propia.

Las relaciones del texto con el contexto cultural pueden tener un carácter metafórico, cuando el texto es percibido como sustituto de todo el contexto, al cual él, desde determinado punto de vista, es equivalente, o también un carácter metonímico, cuando el texto representa el contexto como una parte representa el todo. Puesto que el contexto cultural es un fenómeno complejo y heterogéneo, un mismo texto puede entrar en diversas relaciones con las diversas estructuras de los distintos niveles del mismo… (Lotman 1996, 55)Además de la información depositada en el texto desde afuera, a partir del diálogo con el lector es posible la generación de nueva información y, por lo tanto, de nuevos sentidos; los códigos utilizados en los textos se encuentran en estrecha relación con sus funciones. Por un lado, su naturaleza compleja y, por otro, las relaciones que guarda dentro y fuera de la semiosfera, el rol del texto se complica ampliamente en el proceso de comunicación y en las dinámicas culturales. De tal forma que, dependiendo de las relaciones que establezca, puede tener una función comunicativa porque transfiere información; como recurso mnemotécnico, representando la memoria colectiva; como catalizador e interlocutor en su diálogo con el lector; o como agente en el acto comunicativo por ser fuente y receptor de información. (Lotman 1996, 54 y 55) En otras palabras, el texto funciona como continente de información, catalizador e interlocutor en su relación con el lector, es un agente en el acto comunicativo y un recurso mnemotécnico en su relación con la tradición cultural. Ahora bien, en su relación con el contexto cultural, como recurso mnemotécnico, el texto puede tener un carácter metafórico o metonímico:

Esta compleja relación le proporciona al texto su calidad de dispositivo para la memoria, en otras palabras, su naturaleza heterogénea y políglota, que al entrar en relación con el contexto cultural y con el lector transforma su función y se convierte en instrumento al servicio de la memoria. Los textos:

… constituyen programas mnemotécnicos reducidos […] con la capacidad de restaurar el recuerdo [y] se convierten en símbolos integrales […] que adquieren una autonomía de su contexto cultural y funcionan no solo en el corte sincrónico sino en las verticales diacrónicas de la cultura. (Lotman 1996, 61)

Es decir que el texto, en calidad de átomo cultural, atraviesa las capas de la cultura, portando información fundamental que continuará en la colectividad, invariable y actualizada permanentemente. Invariable, porque forma un núcleo de información fundamental que la colectividad seleccionó para conservar; actualizada, porque al entrar en contacto con el lector (que también es un texto) dentro de un contexto, el contenido se recuperará en función de estos. (Lotman 1996, 61) Así, en la memoria colectiva el texto:

…se halla en funcionamiento no sólo el último corte temporal, sino también toda una gruesa capa de cultura de una considerable profundidad, y, a medida que se avanza en el tiempo, en el pasado brotan periódicamente focos de actividad: textos separados por siglos, «al venir a la memoria» se vuelven contemporáneos. (Lotman, 1998, 154)

Entonces, vemos un elemento primordial en la comunicación dentro del espacio semiótico: el texto; que, como dispositivo de comunicación, cumple tres funciones fundamentales, una función comunicativa, como portador de información y el uso de código estructurados que aseguran un lenguaje unívoco; una función creadora, por el diálogo que establece con otros textos y el uso de códigos o lenguajes más libres; y una tercera función, como recurso mnemotécnico, dispositivo de la memoria que trasciende las diferentes capas de la semiosfera.

Semiosfera y texto se convierten en elementos fundamentales para entender la transformación del sentido del Museo Nacional de las Intervenciones. Primero, la semiosfera de la que forma parte es determinante para entender la información contenida en él, los lenguajes o códigos utilizados en su diseño y el diálogo que se establezca con el lector–visitante. Segundo, el texto, porque a partir de la relación dialógica que guarde con otros textos del sistema semiótico y alosemiótico cumplirá una u otra función en el contexto cultural.

  1. El Museo Nacional de las Intervenciones: análisis del texto

La paradoja del Museo Nacional de las Intervenciones está directamente relacionada con el concepto de Museo Nacional y su función histórica en relación con el sistema de pensamiento en el que fue creado, en el que fue reestructurado y en el que es interpretado; aunque la institución y los objetos de colección permanecen a través del tiempo, el diálogo que establece con el visitante cambia inevitablemente.

Para empezar se debe decir que en la historia del Museo Nacional de las Intervenciones se distinguen dos momentos: el de su creación, en 1981, y el de su reestructuración, en 2010. Su concepción se desarrolló durante el periodo de la política todavía nacionalista mexicana que, como se relató, fundamentaba sus objetivos en el rescate de la defensa de la nación y la reafirmación de su independencia. Los conceptos de intervencionismo y defensa de la soberanía se sumaron a los de patriotismo e identidad nacional, por lo que se puede identificar una reafirmación de su función como Museo Nacional. Se puede decir que este momento responde a la naturaleza de los Estados Nacionales, por lo tanto la llamaremos semiosfera nacionalista.

Por su parte, la reestructuración tuvo efecto en un contexto cultural que ya había registrado un cambio: el de la globalización. A esta transformación en el entorno cultural parece que respondieron las modificaciones paulatinas que se desarrollaron en el Museo a principios del nuevo milenio; por lo que se identificará como una semiosfera de la globalización. El Museo, es por tanto, producto de dos alosemiosferas, es decir, de dos semiosferas opuestas: la semiosfera del nacionalismo y la semiosfera de la globalización.

A continuación se presenta un recorrido gráfico por el Museo Nacional de las Intervenciones, cuyas imágenes corresponden a las salas de exposición permanente, antes de la restructuración de 2010 y después de ella. De tal modo que complementen lo aquí expuesto y por exponer.

Imágenes recuperadas de salas antes de la reestructuración en 2010

Imagen 4. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”,”, 2010. El discurso histórico de las intervenciones iniciaba con una sala de “Introducción”; la alegoría a la defensa de la patria recibía al visitante: bandera nacional, tambor, corneta y fusil, buscaban reactivar en el visitante un sentido de identidad y patriotismo. Registro propio.

Imagen 4. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”,”, 2010. El discurso histórico de las intervenciones iniciaba con una sala de “Introducción”; la alegoría a la defensa de la patria recibía al visitante: bandera nacional, tambor, corneta y fusil, buscaban reactivar en el visitante un sentido de identidad y patriotismo. Registro propio.

 

Imagen 5. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”,¿1981? Captura de pantalla

Imagen 5. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”,¿1981? Captura de pantalla. Las tres columnas representan la alegoría de tres fases fundamentales de la guerra por la nación mexicana: Independencia, Reforma y Revolución. Etapas que forjaron los principios de no-intervención, autodeterminación, solidaridad internacional y negociación diplomática para resolver los conflictos entre naciones civilizadas.
 Museo Nacional de las Intervenciones / Instituto Nacional de Antropología e Historia. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, [199?]

Imagen 6. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”, 2009. Captura de pantalla Con menos objetos en exhibición, la museografía de la sala, hacia 2009, no había sufrido cambios significativos.   Museo Nacional de las Intervenciones / Raymundo Alva México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009.

Imagen 6. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”, 2009. Captura de pantalla Con menos objetos en exhibición, la museografía de la sala, hacia 2009, no había sufrido cambios significativos.   Museo Nacional de las Intervenciones / Raymundo Alva México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009.

 

Imagen 7. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “Intervención norteamericana de 1846-1848”. 2009. Captura de pantalla. En el discurso anterior a 2011 los objetos y el mobiliario de colección estaban delimitados sólo con plataformas o, en su caso, estaban dispuestos como objetos de uso cotidiano, lo que simbólicamente permitía un vínculo más estrecho con el visitante.   Museo Nacional de las Intervenciones / Raymundo Alva México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009.

Imagen 7. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “Intervención norteamericana de 1846-1848”. 2009. Captura de pantalla. En el discurso anterior a 2011 los objetos y el mobiliario de colección estaban delimitados sólo con plataformas o, en su caso, estaban dispuestos como objetos de uso cotidiano, lo que simbólicamente permitía un vínculo más estrecho con el visitante.   Museo Nacional de las Intervenciones / Raymundo Alva México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009.

Imagen 8. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “Intervención Norteamericana de 1846-1848”. Captura de pantalla. La composición bandera nacional–artillería sintetizaba la idea de defensa nacional; por otro lado, la ausencia de vitrinas, permitía el acercamiento del visitante e incluso tocar, lo que se podría leer como una invitación a la defensa de la nación. Museo Nacional de las Intervenciones / Instituto Nacional de Antropología e Historia. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, [199?]

Imagen 8. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “Intervención Norteamericana de 1846-1848”. Captura de pantalla. La composición bandera nacional–artillería sintetizaba la idea de defensa nacional; por otro lado, la ausencia de vitrinas, permitía el acercamiento del visitante e incluso tocar, lo que se podría leer como una invitación a la defensa de la nación. Museo Nacional de las Intervenciones / Instituto Nacional de Antropología e Historia. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e Historia, [199?]

 

Imágenes de salas después de la reestructuración

Imagen 9. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”, 2011. Captura de pantalla. Acercamiento a la colección de banderas mexicanas; los objetos de exposición sólo cuentan con plataformas que delimitan el espacio del objeto de colección.   Museo Nacional de las Intervenciones / Verónica De Ita, conductora; Ángel Rico, edición. México, D.F.: Espacio Interjet, [2011].

Imagen 9. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala de “Introducción”, 2011. Captura de pantalla. Acercamiento a la colección de banderas mexicanas; los objetos de exposición sólo cuentan con plataformas que delimitan el espacio del objeto de colección.   Museo Nacional de las Intervenciones / Verónica De Ita, conductora; Ángel Rico, edición. México, D.F.: Espacio Interjet, [2011].

Imagen 10. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “Las batallas de Valle de México”, 2011. Registro propio. En la parte central se ubica la maqueta del convento–fortaleza que ilustra, mediante un audio, el acontecer de la batalla de Churubusco, el 20 de agosto de 1847.

Imagen 10. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “Las batallas de Valle de México”, 2011. Registro propio. En la parte central se ubica la maqueta del convento–fortaleza que ilustra, mediante un audio, el acontecer de la batalla de Churubusco, el 20 de agosto de 1847.

 

Imagen 11. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “1846-1848,  La Intervencion de los Estados Unidos de America”, 2018. Registro propio. El elemento central de esta sala es la colección de doce litografias dibujadas por el arquitecto alemán, Carl Nebel, realizadas para ilustrar la obra The war between the United States and Mexico Illustrated, en 1851.

Imagen 11. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “1846-1848,  La Intervencion de los Estados Unidos de America”, 2018. Registro propio. El elemento central de esta sala es la colección de doce litografias dibujadas por el arquitecto alemán, Carl Nebel, realizadas para ilustrar la obra The war between the United States and Mexico Illustrated, en 1851.

 

Imagen 12. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “La Guerra entre México y Estados Unidos, 2011”. Registro propio. Al entrar a sala, la bandera Norteamerica recibe al visitante, en ella se observan 15 estrellas en círculo: las Trece Colonias, La Florida y La Luisiana. La estrella del centro representa Texas.

Imagen 12. Museo Nacional de las Intervenciones. Sala “La Guerra entre México y Estados Unidos, 2011”. Registro propio. Al entrar a sala, la bandera Norteamerica recibe al visitante, en ella se observan 15 estrellas en círculo: las Trece Colonias, La Florida y La Luisiana. La estrella del centro representa Texas.

 

Una vez realizado este breve recorrido por las imágenes y partiendo de los conceptos de semiosfera del nacionalismo y semiosfera de la globalización, se plantea abordar el Museo Nacional de las Intervenciones como texto de la semiosfera de la globalización, con el fin de identificar cómo funciona el discurso para generar o anular un determinado sentido en su diálogo con el visitante; sin embargo, el aspecto nacionalista continuará presente, pues forma parte del texto–museo.

En calidad de texto, se analizan dos categorías conceptuales: intervención y la defensa en articulación con las tres funciones del texto, comunicativa, creativa y como dispositivo de la memoria. La muestra consistió en 11 cédulas introductorias correspondientes a cada sala de exposición, las cuales fueron seleccionadas a partir de su importancia jerárquica: por su tamaño, cada una mide 90 x 180 cm4; por su disposición en el espacio de exposición, cada una da la bienvenida el visitante inmediatamente al ingresar a la sala de exhibición; y por su contenido informativo, ya que proporcionan un panorama general del tema. Las cédulas analizadas son:

  1. Ex convento de Churubusco, monumento histórico
  2. La Independencia y las intervenciones
  3. Las primeras intervenciones en México
  4. 1846-1848, intervención de los Estados Unidos de América
  5. Guerra entre México y Estados Unidos
  6. Batallas del Valle de México
  7. Los Tratados de Guadalupe Hidalgo, fin de la guerra
  8. La intervención francesa y el Imperio (1862-1867)
  9. La batalla del 5 de mayo de 1862
  10. La invasión a Veracruz [1914]
  11. 1916: la expedición punitiva de Pershing contra Villa

La función comunicativa se establece con las menciones de cada concepto, es decir, lo que el texto dice acerca de la intervención y de la defensa. Para seleccionar las menciones del concepto de intervención se abordaron también los términos: invasión, intromisión, guerra, injerencia, ataque, campaña militar, acoso, consideradas como acciones de intrusión de un estado en otro. Para identificar el concepto de defensa se incluyeron los términos: independencia, autonomía, retirada, paz, libertad, resistencia, acuerdo y soberanía, como acciones concretas para el ejercicio de poder contrario a la intervención.

La función creativa se determinó por el contexto en el que se presenta la mención de los conceptos, esta categoría identifica el cómo se comunica lo que se dice de la intervención y de la defensa. Se seleccionaron: la información con la que se vinculan los conceptos, el contexto, los calificativos, la información que se omite sobre cada concepto, el uso de códigos especializado y las figuras de poder mencionadas.

Como dispositivo de la memoria se consideró también el contexto y la información seleccionada correspondió a dos grupos: el primero, está relacionado con otras capas de la historia, es decir, los conceptos o eventos que forman parte del pasado histórico y cultural de México, en virtud de que, al ser recordados, se actualizan en su relación con la intervención o la defensa. El segundo, las ideas repetitivas que sobre la intervención y la defensa se señalan, ya que la representación constante impacta en la memoria del visitante y, como dispositivo, pasará a la memoria colectiva de la comunidad.

Los resultados que se presentan a continuación son de carácter general, para una lectura completa del estudio y de los resultados se puede consultar El sentido de Intervención en el Museo Nacional de las Intervenciones.

A partir de la función comunicativa del texto se muestra una relación asimétrica entre la representación de la intervención y la representación de defensa, los resultados en general de las once cédulas principales de las salas ofrecen 67 ocasiones para la primera y 40 para la segunda; esto otorga para la representación de la intervención un 62.61% del total de las representaciones.

Se registraron cédulas en las que aumentó la diferencia: 1846-1848, la Intervención de los Estados Unidos de América, La Guerra entre México y Estados Unidos y Batallas del Valle de México. Otras en las que permaneció equitativo: La intervención francesa y el Imperio (1863-1867), y otras en las que sobresale la noción de defensa: El Exconvento de Churubusco, monumento histórico y La Batalla del 5 de mayo de 1826. De la preponderancia de la intervención se desprende la presencia del invasor; pero de las tres naciones invasoras incluidas en la muestra de estudio, se identifica una preponderancia por la presencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En contraste, la defensa es mencionada siempre en función de la intervención armada, como un complemento del discurso principal y se omite la descripción de las acciones defensivas.

Con base en la función creativa, en relación al contexto, la intervención se ubica dentro de una nación caótica, empobrecida y con divisiones internas. Pero esta situación se agudiza en la cédula 1846-1848, intervención de los Estados Unidos de América, en la que se hace una comparación México–Estados Unidos, ya que a la primera se le presenta como nación recién conformada frente a una potencia consolidada.

Respecto a los calificativos, sobresalen en este tema la intervención como marca y destino. Mientras que la defensa se califica como acuerdos inconvenientes, como sacrificios o como resultados destrozos; si bien es mencionada como un acto heróico, no se añade más información y una sola vez es identificada como una estrategia militar.

Respecto de las figuras de poder, en general se identifica una relación equitativa entre los personajes que ejecutaron la invasión y los que presentaron resistencia; sin embargo, en las cédulas que refieren a la intervención norteamericana de 1846-1848, esta categoría se muestra desierta del lado de la defensa, pues no se identifica algún personaje con nombre y apellido que haya enfrentado al invasor. En contraste, este valor cambia en las cédulas de la intervención norteamericana de 1914 y 1916, sin embargo estos personajes son mostrados como instrumentos del gobierno estadounidense.

En el tema de los códigos utilizados, en general, se distingue el uso moderado de terminología militar, pero, para la contextualización del conflicto bélico, es altamente empleado sin agregar aclaraciones.

Como dispositivo de la memoria, la información recuperada se centra en cuatro temas: la Conquista Española, La guerra de Independencia de México, La Independencia de Texas y la Guerra de los tres Años. La información repetitiva se relaciona con el entorno turbulento del siglo XIX, el caos político y social, las divisiones políticas internas, la diferencias entre el país invasor poderoso y el país invadido empobrecido, las ambiciones de los caudillos mexicanos y el convento como lugar de memoria.

  1. El diálogo texto–lector y su relación con la semiosfera

En virtud de que el Museo Nacional de las Intervenciones es un producto de dos alosemiosferas posee características de ambos sistemas de sentido, por lo tanto, es natural que se contrapongan en un momento determinado durante el diálogo que se establezca con el visitante–lector.

A partir de su encuentro con el visitante empieza el diálogo, en este momento la posición que el visitante ocupa dentro de la semiosfera es fundamental, porque de ello depende la comunicación de información y la generación de sentido. Esto significa que la semiosfera a la que pertenece el visitante —nacionalista o globalizada— y el lugar en el que se ubican dentro de ella —centro o periferia—, son factores que determinan los códigos con los que inician el diálogo.

Por ello, se puede afirmar que la paradoja del Museo Nacional de las Intervenciones se presenta en el diálogo que se establece entre el Museo reestructurado de carácter globalizado y el lector–visitante con perspectiva nacionalista y con un nivel de especialización considerable acerca de la historia de México, pues éste posee los códigos que le permiten identificar los contenidos que deberían estar presentes en calidad de Museo Nacional. Dicho de otro modo, ese visitante es capaz de identificar que: las nociones defensa de la soberanía y de las glorias nacionales se encuentran disminuidas en el discurso, y consecuentemente, el de identidad nacional; pues ¿quién desearía identificarse con el perdedor desposeído?

Ahora bien, la lectura del discurso y su interpretación se realizan desde el presente, en medio de un contexto cultural y dentro de un espacio de sentido en el que el acto intervencionista, en sus formas no bélicas, sigue presente; ejemplo de ello es la determinación externa de la política económica y social mexicana. Por lo que, durante el diálogo–recorrido se actualiza la afrenta histórica —el ataque y despojo territorial— y ésta se suma a los actos intervencionistas económicos, políticos y culturales actuales; pero, simbólicamente, durante el recorrido se le deja indefenso, porque la idea de defensa queda desvanecida y los instrumentos para ejercerla han sido encapsulados en vitrinas de exhibición.

La descripción anterior se centra en el visitante–lector nacionalista especializado, pero ¿cuál sería la experiencia del visitante–lector globalizado no especializado? La semiótica de la cultura nos dice que, a partir de la complejidad de los códigos empleados, siempre hay una correspondencia, aunque parcial y relativa con el visitante, para iniciar el proceso de desciframiento y la generación de sentido. La pregunta que surge entonces: ¿qué sentidos se pueden generar a partir del diálogo entre un visitante globalizado, no especializado y el texto–museo como ahora se encuentra? El análisis de experiencia en este tipo de público es un aspecto que queda pendiente, pues no se han realizado estudios de público que registren el parecer de este sector respecto al discurso de las intervenciones.

En este punto de la reflexión se ha identificado la importancia de las áreas de servicios al público, de su personal y del conocimiento que éste tenga sobre el Museo, sobre los visitantes y sobre las distintas semiosferas, ya que, como traductores, tendrán la responsabilidad de identificar:

  1. La naturaleza del museo: las semiosferas que convergen en él, los textos nucleares, los textos periféricos y los códigos que utiliza.
  2. La naturaleza del visitante–lector: la semiosfera de procedencia, su ubicación dentro del espacio de sentido y los códigos que posee.

Solo así estos colaboradores del Museo podrán desempeñar mejor su función traductora y proporcionar una experiencia más significativa sobre la intervención–defensa a los visitantes de ambas semiosferas, cuando estos lo requieran.

Dentro del contexto cultural, El Museo Nacional de las Intervenciones sigue comportándose como portador de información que trasciende las diferentes capas de la semiosfera, tomada en este caso particular como pasado–presente, es decir, a pesar de su transformación, funge como dispositivo de la memoria colectiva para la defensa de la soberanía, pues ha conservado su carácter de Museo de Sitio Histórico; el de Monumento Histórico y como Museo Nacional, a pesar de la asimetría mencionada.

Las tres categorías son evidentemente nacionalistas y, en virtud de que están vinculadas al origen del Museo, se puede afirmar que, como texto nuclear nacionalista, es información que ha atravesado los diversos niveles de la semiosfera manifiestándose su función como dispositivo de la memoria. Sin embargo, en su sitio web oficial se identifica el auto–reconocimiento como Museo de Sitio por su carácter conventual. (Museo Nacional de las Intervenciones, párr. 1) Esto deja de manifiesto una discrepancia en la concepción acerca del “lugar de memoria” entre la institución a nivel nacional y la institución local, esta diferencia puede registrarse como un indicio del desplazamiento de textos en otro nivel de la semiosfera. Así mismo, se identifica una tendencia a preservar en la memoria la idea de una nación empobrecida, caótica y dividida.

En síntesis, el Museo Nacional de las Intervenciones forma parte de un sistema mucho más complejo y es dentro de éste que se establecen sus relaciones intertextuales, lo que hace posible la generación de sentido. El discurso de las intervenciones sólo funciona en el momento del diálogo con el visitante, esto quiere decir que, la información que se comunica y el sentido que se pueda generar dependerán de la semiosfera del espectador en relación con la del Museo. En tanto sistema, el diálogo no se realiza únicamente entre el visitante y el Museo, esto significa que la comunicación y la generación de sentido no dependen totalmente de éste último, sino que participan, de forma tácita, el contexto cultural y los códigos de desciframiento utilizados, tanto por el texto–museo como por el visitante–lector.

Respecto a ¿cómo funciona el discurso del Museo en la construcción o anulación de sentido, durante el tránsito por su exposición? En calidad de texto, el Museo es portador de información, con una función comunicativa; en este caso información relativa a la intervención y la defensa. Pero, también es generador de sentido por la diversidad de códigos que lo estructuran —el diseño museográfico que integra el espacio, la distribución de objetos y su presentación— y por su relación dialógica con el visitante dentro de un contexto cultural. De esta manera la aparente anulación del sentido original de la defensa de la nación en el discurso museográfico se genera porque ésta aparece como texto periférico o, incluso, como texto alosemiótico, debido a la asimetría mencionada en su representación, al uso de códigos especializados y a la diversidad de diálogos que se pueden establecer con los visitantes.

Si bien dentro de la semiosfera siempre existe la posibilidad de construcción de sentido, es posible que la transmisión de la memoria se vea afectada por el tipo de recuerdo, por su forma de registro, por el medio de transmisión, por los responsables de la transmisión, así como de la coyuntura o el contexto y de las relaciones sociales. (Ricaurte, 42 y 43) De tal forma que, si bien, el Museo Nacional de las Intervenciones por sí mismo no es responsable de la generación de sentido, sí lo es de la asimetría entre las nociones intervención–defensa, de la manera en que éstas se comunican y cómo se exhiben los objetos testimoniales. También lo es de las relaciones que se establecen al interior, en donde el discurso de la defensa, el intervencionismo y la construcción del Estado Nacional, coexiste con el de la vida conventual y el de Churubusco prehispánico, pues, aunque forman parte de un continuo histórico, cada uno representa identidades culturales/nacionales diferentes que, al situarse antagónicas y en contacto permanente, corren el riesgo de que unas avancen sobre las otras.

Conclusiones

El análisis del discurso museográfico de las intervenciones desde la semiótica de la cultura permitió identificar la complejidad del Museo Nacional de las Intervenciones. A partir de su relación dialógica con el lector–visitante, dentro de un contexto cultural, puede actuar como texto. Entonces se identifican tres elementos básicos: el museo–texto, el lector-visitante y el contexto cultural; pero esto se complejiza al introducir las relaciones que se establecen entre ellos.

Son las relaciones que se establecen entre el texto, el lector y el contexto cultural las que responden a la pregunta de investigación: ¿cómo funciona el discurso del Museo en la construcción de sentido, durante el tránsito por su exposición?

El Museo Nacional de las Intervenciones forma parte de dos alosemiosferas: su origen se gesta en la semiosfera nacionalista, en concordancia con la memoria de los estados nacionales del siglo XIX y para quienes la idea de territorio, patria e identidad nacional son valores primordiales. Pero, su reestructuración se diseña dentro de una semiosfera de la globalización, que pugna por el libre comercio, la desterritorialización, la idea de ciudadano del mundo y el consumo cultural.

En tanto organismo de estado y monumento histórico, el Museo Nacional de las Intervenciones posee carácter de ‘texto nuclear’, por lo que no desapareció; pero como parte de la semiosfera de la globalización, el consumo y la cultura del espectáculo, modificaron la naturaleza original del Museo, su discurso, museografía y actividades.

En consecuencia, el texto puede actuar como representación simbólica del sistema superior, semiosfera nacionalista o globalizada; que, al entrar en dialogo con el visitante, permiten o anulan la construcción de un sentido determinado. Esto depende, por un lado de la información seleccionada para ser comunicada y de los códigos utilizados —los lenguajes controlados y los lenguajes poliestructurales y, por otro, de la ubicación del visitante–lector, dentro/fuera de la semiosfera, pues esto determina los códigos con los que inicia el diálogo y la generación de sentido.

En su relación con el contexto cultural, el Museo Nacional de las Intervenciones, lleva en sí mismo información sintetizada, de corte sincrónico y diacrónico, que atraviesa las diferentes capas de la semiosfera. Como dispositivo de la memoria, adquiere la categorización de Monumento Histórico, de Museo Nacional y de Museo de Sitio, en tanto lugar de memoria para la Batalla del 20 de Agosto de 1847, por la defensa de la soberanía contra la intervención estadounidense. Al respecto se registra un desplazamiento de textos, pues el museo se reconoce como Museo de Sitio por su carácter conventual, aspecto recuperado tiempo después de su inauguración.

El Museo Nacional de las Intervenciones no es totalmente responsable de la generación de sentido, ya que ésta depende del diálogo con el lector; pero, sí lo es del predominio del concepto de intervención por sobre el de defensa y de que esta relación favorezca la imagen del invasor, de su desempeño y sus victorias. Si en un Museo Nacional sobresale la imagen del conquistador ¿es posible construir la identidad nacional y el patriotismo a partir de las victorias del invasor? Evidentemente no y esto queda de manifiesto en el desacuerdo del visitante después de su recorrido5. Ese sentimiento lo empuja a cuestionar la creación y permanencia del Museo, es decir, este es el origen de la paradoja. Sin embargo, es necesario aclarar que no se puede totalizar esa configuración antipatriota, pues dependerá del visitante a quien interpela el discurso que se obtendrá un respuesta de aceptación o de rechazo; es decir, si se trata de un visitante con enfoque nacionalista, globalizado, mexicano o extranjero, si es especializado o no, cada uno tendrá diferente reacción, aun cuando no se expresen abiertamente. De ahí que esta inconformidad sólo se haya detectado en un sector de los visitantes después de su recorrido por la exposición histórico–militar. Queda pendiente el análisis del otro sector, el de los visitantes provenientes de una semiosfera globalizada, y de su opinión sobre el discurso globalizado de las intervenciones.

Fuentes de consulta

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Semblanza

 

Verónica Martínez Tovar

 

Formación académica: licenciada en Bibliotecología por la UNAM, Facultad de Filosofía y Letras; Maestra en Comunicación y Estudios de la Cultura por ICONOS, Instituto de Investigación en Cultura y Comunicación, CDMX.

 

Actividad laboral: su vida profesional se ha desarrollado en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, primero como Bibliotecaria en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Posteriormente como Asistente de Promotor de Comunicación Cultural en el Museo Nacional de las Intervenciones, Ex Convento de Churubusco, al sur de la Ciudad de México. Actualmente es encargada de la Biblioteca en el mismo museo, espacio en el que ha combinado las actividades propias de la biblioteca y la gestión del patrimonio cultural.  La perspectiva de su investigación se fundamenta en la atención y servicios al público en el museo y la biblioteca.

 

Correo: veronicamartinezt@yahoo.com.mx

  1. 1. El artículo se deriva de la tesis El Sentido de Intervención en el Museo Nacional de las Intervenciones, investigación más amplia que explora la historia del museo y el análisis de su discurso a partir de las funciones del texto y la semiosfera, aportaciones teóricas de la semiótica de la cultura de Iuri Lotman, en articulación con los conceptos de intervención y defensa.
  2. Entre 2016 y 2017, algunos visitantes del Museo Nacional de las Intervenciones, después de su recorrido por la exposición, acudieron a la biblioteca. En su interacción con el personal bibliotecario expresaron su duda acerca del vacío que existía sobre las batallas ganadas o por qué existía un museo cuyo tema fundamental se centrara en las derrotas de México. Es preciso aclarar que los visitantes que cuestionaron el contenido del museo y su permanencia se ubicaban como un público mayor de cuarenta años y especializados en el tema, pues acudieron a la biblioteca por información muy especializada; por ejemplo, la defensa del Istmo de Tehuantepec frente a la Marina estadounidense, enfrentamiento en el que México salió victorioso.
  3. La globalización impacta directamente en la mundialización de la economía, pero alcanza el ámbito social y cultural; su política económica neoliberal fue implementada oficialmente en México a partir de 1982, con el gobierno de Miguel de la Madrid. En: Salazar, Francisco. «Globalización y política neoliberal en México«. El Cotidiano, vol. 20, no. 126, 2004. 11 págs. Redalyc. Web.11-12.2020 <URL>
  4. En el discurso museográfico existen, además, cédulas subtemáticas que miden 60 x 90; cédulas anecdóticas de 40 x 35 cm y cédulas de objeto de 22 x 10 cm. Información proporcionada por el departamento de museografía del Museo Nacional de las Intervenciones. 25 de febrero de 2019.
  5. Este desacuerdo no surge de un estudio de visitantes formal, es recuperado de los comentarios surgidos a partir de la atención de dos usuarios, en diferente momento, en la biblioteca del museo. Fueron visitantes de sexo masculino, de apariencia mayor de 40 años y, por su nivel académico y el tipo de información que solicitaron, se consideran usuarios especializados, es decir, que poseen un vasto conocimiento de la historia de México. Si bien la pregunta común fue: “Señorita, ¿por qué no se incluyen las batallas ganadas?” y “¿Por qué tenemos que recordar las batallas perdidas?”, en el diálogo establecido se detectaba frustración y el deseo de ser escuchados y cambiar el contenido del museo.

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